Abascal se reúne con el embajador del país ‘woke’: ¿realismo diplomático o contradicción?
El líder de Vox, Santiago Abascal, mantuvo un encuentro con el embajador de un país caracterizado por la expansión de empresas y propaganda woke. La reunión, que apenas ha trascendido en los medios, ha reabierto el debate sobre los límites ideológicos en la política exterior. Algunos observadores la interpretan como un gesto de pragmatismo necesario; otros, como una incoherencia flagrante con el discurso antiglobalista del partido.
Las reacciones no se hicieron esperar. En los círculos de análisis político, se recordó que los ministros de Franco ya practicaban un realismo similar, estableciendo relaciones con regímenes de ideología opuesta. La ironía no pasa desapercibida: el partido que denuncia el «contubernio mandilero» y la influencia de los lobbies empresariales se sienta ahora con los representantes de esas mismas corporaciones. Mientras, el discurso de Abascal evita pronunciarse sobre las alubias —en referencia a un giro coloquial intraducible—, pero sí carga contra los consorcios internacionales.
Lo curioso del caso es que, mientras se critica la propaganda woke, la reunión se celebró sin previo aviso y sin agenda pública. El hermetismo invita a preguntarse si el verdadero intercambio de argumentos no fue entre dos visiones antagónicas, sino entre dos formas de hacer política que se necesitan mutuamente.