El Brent supera los 100 dólares y el gasoil aprieta
El barril de Brent ha superado la barrera de los 100 dólares y ha llegado a citarse en 116 en la sesión, según los precios que se han ido mencionando a lo largo de la jornada. El movimiento no es un accidente aislado: llega después de que el crudo haya rebasado esa barrera psicológica y de que el oro y la plata hayan sufrido una liquidación masiva en apenas dos horas, con
885.000 millones de dólares borrados de ambos metales, según un mensaje difundido en el hilo. La lectura más repetida entre quienes siguen el mercado es que se ha vendido metal para comprar petróleo. El detonante geopolítico está sobre la mesa, pero el precio ya venía caliente.
Qué ha pasado con el petróleo y por qué sube ahora
La secuencia es la clásica de un lunes de cisnes negros: apertura al alza, volatilidad extrema y un goteo de titulares que empujan el precio hacia arriba. El Brent ha pasado de los 98 a los 104 y de ahí a los 110 y los 116 en cuestión de horas, con oscilaciones que algunos califican de «follón» y otros de simple ruido. La prima de riesgo geopolítico se ha incorporado al precio con rapidez, aunque no hay todavía interrupción física del suministro: los buques siguen pasando y los grandes productores del Golfo no se han visto arrastrados al conflicto.
El cálculo que se maneja en los círculos de trading es que el precio ya incorporaba entre 4 y 5 dólares de prima por el riesgo. Si la tensión se desescala, el Brent podría volver al entorno de los 90-92. Si hay un ataque directo a infraestructuras clave, el escenario cambia por completo. Esa es la horquilla en la que se mueve todo el análisis.
Venezuela, el crudo pesado y la trampa de las refinerías
Uno de los argumentos que más ha circulado es que Venezuela produce alrededor de un millón de barriles diarios, pero que ese crudo es chapapote: pesado, difícil de refinar y con una infraestructura en ruinas. Las refinerías del Golfo de Estados Unidos están diseñadas para ese tipo de crudo, no para el shale ligero que se extrae del interior. Por eso lo importan. No es una decisión política, es una dependencia técnica.
Levantar la producción venezolana requeriría una inversión que no se improvisa. Las tuberías están hechas polvo y el país ha canibalizado su propia industria durante años. Darle a Maduro un chute de liquidez ahora, como ironizaba algún comentario, tendría un recorrido limitado: como mucho, lo liquidan. La conclusión que se repite es que el petróleo venezolano no es una solución rápida a nada.
El gasoil, los márgenes y la memoria de 2008
La comparación más incómoda es la del gasoil. Hace años, con el barril a 120 dólares, el litro de gasoil pasaba de menos de un euro a poco más de un euro. Ahora, con el barril a 70, el gasoil ya valía 1,40 euros, y con el Brent a 100 se pone en 1,80. La pregunta que sobrevuela es dónde se van esos márgenes. La respuesta no está en el precio del crudo, sino en la fiscalidad y en la estructura de costes que se ha ido consolidando.
El recuerdo de la burbuja inmobiliaria aparece en cuanto se habla de tipos. La subida del petróleo empujó los tipos de interés, la cuota de las hipotecas se disparó, el consumo se contrajo y la compraventa de viviendas cayó a plomo. Es el precedente que muchos tienen en la cabeza cuando ven el Brent desbocado. La diferencia es que ahora la deuda soberana es mucho mayor y el margen de maniobra de los bancos centrales es más estrecho.
Inflación, tipos y la salida por la deuda
La tesis que gana peso es que la inflación es la única vía de escape para las deudas soberanas. Con los niveles actuales de endeudamiento, subir los tipos para contener los precios se convierte en un ejercicio de equilibrismo. Hay quien sostiene que los tipos tendrán que subir para frenar la inflación; en contra pesa el argumento de que una subida agresiva reventaría a los hipotecados y contraería el consumo. El escenario intermedio que se dibuja es un Brent en el entorno de los 120-130 dólares durante meses, inflación persistente, subida de tipos, contracción del consumo y repunte del paro, sin llegar a extremos de crisis abierta.
La hipótesis más agresiva es la del reinicio económico. Si la maquinaria del petróleo revienta, las economías caen y la
crisis de deuda se vuelve imparable. No es un escenario que interese a nadie con poder para evitarlo, pero tampoco es descartable. La discusión se atasca exactamente ahí: en si el sistema tiene capacidad para absorber un shock energético de esta magnitud sin que se rompa algo por el camino.
Hay quien recuerda que llevamos veinte años de apocalipsis anunciados y que nada ha cambiado. También hay quien responde que esta vez el petróleo no es el problema, sino el síntoma. El Brent cerró la jornada en 98 dólares, por debajo del pico, pero muy por encima de donde empezó. La pregunta que queda sin responder es cuánto de ese precio es miedo y cuánto es oferta y demanda real. Nadie lo sabe todavía.