Un exdirector del ABC agita unas elecciones en enero que nadie da por hechas
Un exdirector del ABC asegura en antena que «adelanto la noticia, habrá elecciones en enero». Lo suelta en la COPE, con la solemnidad del que tiene papeles, y la reacción no es la esperada: en lugar de incendiar el país, la afirmación se deshilacha en cuestión de minutos. Porque el calendario electoral tiene reglas y las reglas no se doblan por mucho que un tertuliano diga que su fuente es «muy fiable». La fecha, además, no cuadra: entre el preaviso legal, la constitución de mesas y la impresión de papeletas, enero queda a la vuelta de la esquina.
Lo llamativo no es el anuncio. Es el silencio que lo rodea. Ni un comunicado, ni una filtración, ni un movimiento en el BOE. Solo una frase en un plató y una audiencia que, en vez de aplaudir, hace cuentas.
¿Cuánto tiempo hace falta para convocar elecciones en enero?
La respuesta corta: más del que queda. El procedimiento electoral español exige un preaviso de **55 días** desde la disolución de las Cortes hasta la jornada de votación. Si el anuncio se produce cuando ya se ha entrado en el último tramo del año, la cita con las urnas se iría irremediablemente a mediados de enero o más allá. Y eso contando con que la maquinaria administrativa —censo, mesas, papeletas, campaña— arrancase al día siguiente, algo que no ocurre.
Hay quien apunta otro detalle: si la convocatoria se fija en día laborable, la participación se resiente. Los más jóvenes, los universitarios en plena época de exámenes, serían los primeros en quedarse en casa. Un cálculo que no es menor si lo que se busca es movilizar a un electorado concreto.
El problema de fondo: ¿para qué quiere Pedro Sánchez unas elecciones?
Aquí el análisis se vuelve más interesante que la fecha. La pregunta no es si habrá comicios en enero, sino por qué el presidente los convocaría ahora. Y la respuesta que circula con más fuerza es que no le conviene. Con la amnistía pendiente de lo que diga el Tribunal de Justicia de la Unión Europea y con los presupuestos aún por presentar, el escenario no invita a disolver nada. De hecho, la vicepresidenta y el propio Sánchez han dejado caer que los presupuestos se llevarán al parlamento en febrero, lo que aleja cualquier disolución anticipada.
El cálculo más pesimista sostiene que, si los presupuestos no salen, la excusa para disolver ya está servida. El más optimista cree que Sánchez aguantará hasta 2027, cuando coincidan las generales con las municipales y autonómicas. En medio, una certeza: **Sánchez convocará cuando le convenga, y ahora no le conviene**.
El desgaste del PSOE y el fantasma de la tercera plaza
Los números no acompañan al relato oficial. La mejor marca electoral de Sánchez son **123 diputados**, una cifra que iguala la peor de Mariano Rajoy y que queda muy por encima de los 110 de Rubalcaba, pero lejos de las mayorías que el PSOE manejó en otras épocas. Hay quien sostiene que esos 123 escaños no se repiten ni con un pucherazo, y que el partido camina hacia ser tercera fuerza política si la derecha se moviliza.
La lectura alternativa es que el PSOE cuenta con que la oposición carece de candidato. Feijóo no termina de cuajar entre los suyos y el electorado de derechas mira con recelo cualquier alternativa que no sea un cambio radical. El resultado es un empate técnico en el que nadie gana y todos esperan.
El bulo como arma política: quién filtra y por qué
La pregunta que sobrevuela el anuncio es quién gana con él. Hay quien apunta a un movimiento de desinformación desde dentro del propio ecosistema mediático: lanzar la piedra y esconder la mano. Un exdirector de un medio conservador anuncia elecciones en una cadena afín, sin aportar una sola prueba, y el ruido resultante desgasta al Gobierno y al medio que lo publica. El periodista, Bieito Rubido, insistió después en que su fuente es «muy fiable», pero no dio ni un nombre ni un documento.
El patrón es conocido: la noticia se convierte en tema de conversación, la fecha se desmiente sola y el daño ya está hecho. Mientras, el personal sigue esperando a que alguien mueva ficha de verdad.
Lo que de verdad importa: los presupuestos y el calendario judicial
Más allá del ruido electoral, el calendario real lo marcan dos cosas: los presupuestos y los tribunales. Si el Gobierno logra sacar las cuentas adelante, la legislatura se alarga. Si no, la disolución es una opción sobre la mesa, pero no necesariamente en enero. Y si el TJUE avala la amnistía, el escenario político se reordena por completo.
Nadie tiene la bola de cristal. Lo único seguro es que **las elecciones en enero no dependen de un tertuliano**, sino de una decisión que, a día de hoy, nadie ha tomado. Y eso, en política, es lo más parecido a un no.
El dato que descoloca: mientras se discute si habrá elecciones en enero, el Gobierno ya ha dicho que presentará los presupuestos en febrero. Si eso es cierto, la convocatoria electoral no está ni sobre la mesa.