Era 1990, veníamos de una…
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La miniserie It (1990) adaptó la novela de Stephen King en dos entregas con Tim Curry como Pennywise. Funciona como producto de su época, pero su reparto de estereotipos y su deriva hacia el culebrón adulto la dejan a medio camino.
Hay adaptaciones que se recuerdan por una sola cosa. En el caso de It, la miniserie emitida en 1990, esa cosa tiene cara de payaso y voz de Tim Curry, fallecido en 2024. La producción llegó dos años después de que Stephen King publicara la novela, en 1986, y lo hizo en formato televisivo, en dos partes, cuando el género venía de una década de slashers rentables y de la estela de El resplandor (1980), la adaptación de Stanley Kubrick con Jack Nicholson.
El grupo protagonista es un club de perdedores de manual. Un chico con sobrepeso y problemas familiares, un chico judío, un chico flaco, un chico de origen italiano y una chica. Cada uno carga con su etiqueta y con su función narrativa, sin apenas margen para salirse del molde. La incorporación de un chico negro en el tramo final, presentado como el inteligente, llega tan tarde y tan forzada que se nota el cálculo.
Ese reparto de arquetipos era moneda común en la ficción juvenil de la época. La diferencia es que aquí no hay tiempo para que los personajes respiren: la miniserie tiene que presentarlos, enfrentarlos al payaso y devolverlos a la edad adulta en pocas horas de metraje.
El payaso que persigue a los chavales no surge de la nada. Como Freddy Krueger en Pesadilla en Elm Street (1984), es un ser vinculado a un grupo concreto, que se aparece solo a determinadas personas y que actúa por venganza. La conexión con las leyendas urbanas del bunny man y con el imaginario del payaso siniestro estaba en el aire cuando se rodó la miniserie.
Curry construye un personaje que se recuerda más por el gesto y la voz que por el guion. Es el gran activo de una producción que, en el resto, se apoya en recursos televisivos de la época: planos funcionales, sustos medidos y un ritmo pensado para la publicidad.
El problema llega cuando los chavales crecen. La trama adulta se enreda en triángulos sentimentales: Emily Perkins se fija primero en el chico con sobrepeso, después en el que anda en bicicleta y acaba liada con el primero. El terror cede terreno al enredo, y los diálogos se alargan sin aportar tensión.
Quien llegue buscando miedo encontrará paranoia colectiva y poco más. Quien llegue buscando la novela encontrará un resumen desordenado. La miniserie no es buena ni mala: es las dos cosas a la vez, y eso la condena a un lugar incómodo en la memoria de la adaptación de King.
Era 1990, veníamos de una…