El CIS da a Alvise un 0,9% en las europeas, empatado con Junts
La encuesta del CIS del 23 de abril sitúa a Alvise Pérez en un 0,9% de intención de voto para las elecciones europeas, empatado con Junts y por delante de ERC (0,8%) y EH Bildu (0,6%). El sondeo, elaborado con voto espontáneo, coloca al PSOE en cabeza con un 19,3%, seguido del PP con un 19,2%, en un empate técnico que deja a Vox en un 4,7% y a Sumar en un 2,9%. El resultado ha reabierto el debate sobre si la irrupción de Alvise responde a una operación para restar votos a Vox o si, por el contrario, es un fenómeno autónomo que capitaliza el descontento con la partitocracia.
Un 0,9% que vale un escaño y una inmunidad
El dato clave no es el porcentaje, sino lo que ese porcentaje implica. Con un 0,9% en las europeas, Alvise podría obtener un escaño en Bruselas, y con él, el aforamiento que le permitiría publicar audios y documentos sujetos a secreto oficial o LOPD sin temor a represalias judiciales. Esa es, precisamente, la tesis que él mismo defiende en su respuesta a las críticas: «si logramos ser europarlamentario tendría inmunidad diplomática para publicar audios y documentos de corrupción sujetos a secreto oficial o LOPD», afirma.
La encuesta de Metroscopia para las europeas, citada en el mismo debate, le otorga a SALF (Se Acabó La Fiesta) un 3,1% y dos escaños, lo que refuerza la idea de que el 0,9% del CIS podría quedarse corto. La diferencia entre ambas estimaciones —0,9% frente a 3,1%— es demasiado grande para ser ignorada, y alimenta la sospecha de que el CIS podría estar infrarrepresentando a la formación.
¿Operación para restar votos a Vox?
La pregunta recorre todo el debate. Una parte de los análisis sostiene que la promoción de Alvise desde ciertos medios y encuestas busca fragmentar el voto de la derecha y restar apoyos a Vox. «Es para quitarle votos a Vox, pero sobretodo es promocionar a alguien tan subnormal que hasta al PP le de vergüenza arrejuntarse», señala una de las intervenciones. Otros, en cambio, lo ven como un fenómeno espontáneo: «Alvise recoge votos de descontentos con toda la partitocracia», se argumenta.
El CIS, al llamar a todos los partidos por su nombre menos a Se Acabó La Fiesta, que aparece como «Alvise Pérez», ha sido interpretado por algunos como una falta de respeto o una forma de ningunearlo. «¡No digais que no es tierna la actitud del CIS llamando a todos los partidos por su nombre menos a Se Acabó La Fiesta!», ironiza un mensaje.
El perfil del votante: desencanto y castigo
El votante de Alvise no es un votante tradicional de Vox. «Yo nunca he votado a BOCS y votaré a Alvise», afirma un participante. «Personalmente voté a vox en las últimas europeas, me gusta como da caña el buxadé. Pero voy a votar al Alvise esta vez», reconoce otro. El perfil que emerge es el de un votante desencantado con todos los partidos, que ve en Alvise una forma de castigar al sistema sin renunciar a sus ideas.
La promesa de renunciar al sueldo de eurodiputado —«2.4 millones de euros del sueldo que tiene individualmente cada eurodiputado», según su propio mensaje— es otro de los argumentos que esgrimen sus defensores. «Llevamos media década logrando todo esto sin cobrar un solo euro público», presume Alvise.
El escepticismo: «Me huele a chamusquina»
No todos compran el relato. «No pienso votarle, me huele a chamusquina», dice un mensaje. «Este lo que quiere es paguita pública y si te he visto no me acuerdo. Quiere el sueldazo de Bruselas con todas sus prebendas». La sospecha de que Alvise sea disidencia controlada recorre varias intervenciones: «Alvise huele a disidencia controlada a kilómetros. Misión: restar votos a VOX y después inmolarse».
La comparación con otros partidos que nacieron como alternativa y acabaron integrados en el sistema —UPYD, Ciudadanos, Podemos— es recurrente. «El PPSOE es una máquina bien engrasada que elimina cualquier competencia a nivel político y/o empresarial», se afirma.
El CIS le da un 0,9%. Metroscopia le da un 3,1% y dos escaños. Alvise dice que no cobra un euro público. Sus votantes dicen que les da igual si es disidencia controlada. Y el PP y Vox, mientras tanto, le ridiculizan como «friki de internet» ante los periodistas del Congreso. Si el 0,9% se convierte en escaño, la fiesta —o lo que sea— acabará de empezar.