La baliza V-16 sigue aquí: lo que esconde el titular
El anuncio de que la baliza V-16 desaparece era falso. Pero el revuelo que provocó dice mucho del hartazgo con una medida que muchos consideran un impuesto encubierto. Un titular con gancho, una enmienda parlamentaria y una buena dosis de indignación ciudadana: así se cocinó el bulo que recorrió las redes esta semana.
La enmienda de Vox y la letra pequeña
La noticia original, publicada por medios como La Opinión de Murcia o La Nueva España, afirmaba en su titular que la baliza V-16 se jubilaba. Nada más lejos de la realidad. En la enmienda a la que ha tenido acceso Europa Press, Vox establece que la señal luminosa V-16 podrá utilizarse como «alternativa» a los triángulos de preseñalización de peligro, «sin que estos pierdan vigencia después del 1 de enero de 2026». Es decir, la baliza sigue siendo obligatoria; simplemente se permitiría usarla como sustituto de los triángulos, no como elemento adicional.
Los usuarios más atentos no tardaron en desmontar el titular: «No pone nada de eso, solo que Vox presentó una enmienda, la baliza sigue siendo obligatoria», apuntaba uno. Y es que la diferencia entre «alternativa» y «sustituta» es crucial. La medida, además, es solo una propuesta que probablemente será rechazada en el Congreso. El revuelo, sin embargo, ya estaba servido.
El coste de la baliza: de 6 a 50 euros
Lo que más indigna a muchos conductores es el precio. La baliza V-16, exigida desde 2021, ha tenido un coste dispar: algunos pagaron 50 euros en establecimientos físicos, otros se hicieron con ella por 6 euros en tiendas online, y ahora se encuentra en Amazon por 12 euros. «Perfecto, 35 pavos ahorrados», celebraba un usuario al leer el titular. Otros, como los que compraron la «Don Feliz» de 9 euros, solo se ríen de haberla comprado «por las risas». Pero no todos se tomaron la broma: hay quien suma los 50 euros a los miles de multas ya pagadas por otras infracciones, y no falta quien la califica de «timo a todas luces».
El precio, por tanto, oscila entre el euro y los 50 euros, dependiendo de dónde se compre. La diferencia es notable, pero la obligación de tenerla sigue ahí. La multa por no llevarla es de 200 euros, un incentivo que muchos prefieren evitar aunque la baliza no les sirva de nada.
¿Sirve para algo? La batalla de la seguridad
La eficacia de la baliza es otro frente. Mientras unos la consideran un adorno caro y poco visible, otros defienden su utilidad en carreteras solitarias. «Yo la compré dos años antes de que fuese obligatorio; en caso de quedarme sin batería puedo señalizar», argumenta un conductor que pagó 6 euros. Pero también hay voces que la señalan como peligrosa: «Ya ha creado algún muerto dicha baliza por el sinsentido de ella», afirma otro. Aunque estos testimonios no se han verificado, la percepción de que la baliza es un negocio redondo para unos pocos está muy extendida. Incluso se menciona una futura baliza V-27, que sería «la güena como la Pfizer», en tono sarcástico, reflejando la desconfianza hacia las sucesivas imposiciones.
El futuro de la señalización: ¿V-27?
Mientras tanto, la V-16 sigue siendo obligatoria. La enmienda de Vox, si prosperase, permitiría usarla como alternativa a los triángulos, pero no eliminaría la obligación. Y lo que parece seguro es que la próxima novedad llegará con la V-27, si es que algún día se implanta. Todo apunta a que la baliza seguirá siendo exigida, al menos hasta que la nueva generación de dispositivos llegue. Pero el descontento ciudadano, alimentado por el coste y la desinformación, no hace sino crecer. Cuando el titular confunde, la realidad se vuelve aún más opaca.