Agustín Laje: 37 años sin hijos y el discurso sobre la natalidad
La última intervención de Agustín Laje sobre la baja natalidad ha vuelto a poner sobre la mesa una contradicción que divide a la derecha. Laje, de 37 años y sin hijos, predica el aumento de la fecundidad desde una tribuna libertaria. Y ahí empieza el problema.
Hay una corriente de análisis que sostiene que atender a casos individuales es una falacia estadística. Que un libertario sin hijos sea lo esperable, no la excepción. La baja natalidad es un fenómeno sistémico que afecta a todos, y moralizar sobre la paternidad de cada cual no explica nada. El planteamiento es demoledor: no necesita atacar a Laje, lo convierte en irrelevante.
En el lado opuesto está la acusación de hipocresía. Si el discurso de la derecha pone el foco en la demografía como herramienta contra la presión migratoria, ¿cómo se sostiene que quienes más predican sean precisamente los que menos contribuyen a la reproducción? La llamada «derecha woke» sale mal parada en el retrato.
Entre medias, las alusiones al aborto acabaron de incendiar la conversación. Pero el núcleo es más incómodo: la caída de la natalidad no se combate con sermones, sino con hechos económicos, y los libertarios son un grupo estadísticamente proclive a no tener hijos. La contradicción no es personal, es estructural.
El análisis se atasca exactamente ahí. Porque si el diagnóstico es sistémico, la obsesión por los casos individuales no es un error menor: es la estrategia perfecta para no hablar de lo que duele.