Patxi López también se desmarca de Zapatero
¿Cuántos dirigentes socialistas hacen falta para que el PSOE parezca una misma formación? La pregunta gana peso cada día. Patxi López ha pronunciado la frase que ya forma parte del folclore político: «El Zapatero que yo conocí...» – una fórmula que sirve para enterrar cualquier vínculo con el pasado del partido.
La secuencia es demoledora. Hace cuatro días, Pedro Sánchez afirmaba que Begoña no era su mujer. Antes, nadie conocía a Ábalos, a Cerdán ni a Leire Díaz. Ahora el exlehendakari se suma a la corriente con su particular versión del desconocimiento. El resultado es un partido en el que sus principales figuras parecen haberse conocido en una convención de fantasmas.
El coste de la desmemoria política
No es solo una cuestión de anécdotas. La inestabilidad interna se paga en los mercados. Los inversores buscan predictibilidad, y un partido que reniega de su propia historia, con ese descaro, transmite una señal preocupante. No importa el color: la credibilidad institucional se construye con coherencia, no con amnésicos de salón.
La carcajada y el cadáver
Las redes han convertido el asunto en un festival de humor: las cejas de Patxi ya tienen vida propia, como demuestra el comentario sobre ellas. Alguien, con ironía, ha llegado a preguntarse si el exlehendakari también desconocería a Isaías Carrasco, el socialista asesinado por ETA. Humor negro para un partido que cavó su propia fosa con la pala de la deslealtad.
La conclusión es sencilla: cuando todos se desconocen, el partido se convierte en una pregunta sin respuesta. Y la economía, mientras tanto, observa.