La gamba roja de Denia cuesta 4 euros y el pescador cobra 50 céntimos
¿Cuánto cuesta realmente una gamba roja de Denia? Según el desglose que circula estos días, exactamente 4 euros. El problema es lo que pasa dentro de ese billete: de cada gamba, 50 céntimos son para el pescador, 1 euro se va al partido, otro 1 al hostelero, 50 céntimos al ayuntamiento, 20 a la diputación, 20 a la ex mujer del hostelero y 10 céntimos al camarero. Sumen: da 4. Ni un céntimo perdido en la suma, lo cual ya es más de lo que se puede decir de muchos presupuestos públicos.
Lo más incómodo del reparto no es el margen del hostelero. Es que el pescador, el único que se moja, cobre la mitad que el partido y lo mismo que un impuesto municipal. El camarero, por servirla, se lleva diez veces menos que la ex mujer del dueño. La cadena de la gamba no necesita especulación: tiene estructura. Vista así, el plato de 20 euros que hay quien pone sobre la mesa deja de parecer un capricho; parece una tasa por cruzar siete manos antes de llegar al plato.
Hay quien defiende que el producto merece ese precio: gamba roja, cruda, de Denia, no se encuentra todos los días. El argumento contrario es que la diferencia entre el desembolso del cliente y el ingreso del pescador es un abuso de intermediación. Las dos posturas conviven, y ninguna va en la carta.
La próxima vez que alguien pida una gamba y pregunte por qué vale tanto, ya hay respuesta: porque son 4 euros y a todos les toca algo. A todos menos a quien paga.