Volver a Windows 10: la salida de algunos usuarios de Windows 11
El sistema operativo más nuevo de Microsoft es, para una parte de sus usuarios, el motivo para volver al anterior. El patrón se repite: errores sin mensaje claro, aplicaciones antiguas que dejan de abrirse y una sensación de laberinto que no se arregla reinstalando encima. La pregunta que sobrevuela el asunto es siempre la misma: ¿formateo el disco y me quedo con
Windows 10?
El punto de partida es concreto. Un equipo con Windows 11 falla desde el primer minuto y bloquea programas que antes funcionaban sin problema, algo que su propietario atribuye a limitaciones de uso que el 10 no tenía.
Ni un error legible para deducir qué se rompe. Quitar el antivirus no cambió nada. Con los datos salvaguardados, en teoría, en OneDrive pero no las contraseñas, la decisión es copia de seguridad, instalación limpia y vuelta al sistema anterior.
¿Por qué falla Windows 11 para algunos usuarios?
Aquí empieza el desacuerdo. Un usuario sostiene que
tres instalaciones limpias en el mismo equipo acabaron en reinicios constantes hasta no llegar ni al escritorio, incluso cumpliendo los requisitos de TPM y arranque seguro. Y hay quien contesta con el viejo chiste del paciente al que le dolía todo el cuerpo: lo que dolía era el dedo, es decir, un pendrive corrupto o un equipo que nunca debió aceptar el sistema.
Los defensores del 11 apuntan a otro culpable: software pirata, antivirus, limpiadores y actualizadores de drivers. Un caso de referencia lo resume:
dos años y medio de uso diario en un portátil de gama media, sin incidencias. La réplica llega por el desgaste: hay quien sostiene que con el tiempo aparece lentitud y sube la temperatura, porque consume más recursos que el 10.
Windows 10 Enterprise IoT LTSC: actualizaciones hasta 2032
La alternativa que circula no es el Windows 10 doméstico. En el hilo se menciona una edición,
Windows 10 Enterprise IoT LTSC, con soporte de actualizaciones hasta 2032. Se instala en inglés y el idioma se añade después desde configuración; otra vía, según quien la ha aplicado, es poner la edición LTSC en castellano y transformarla en IoT al activarla con una clave de esa versión, y sostiene que funciona con licencias OEM ya existentes.
El atractivo es evidente: un sistema que no cambia de golpe y que no sufre el goteo de novedades que rompen cosas. Frente al argumento de instalar siempre lo último, hay quien defiende la lógica de
si algo funciona, no lo toques.
Actualizaciones que rompen y un año extra de soporte en la UE
El argumento más repetido contra las versiones nuevas no es estético. Se señala que las actualizaciones de
agosto y septiembre de la rama 24H2 han sido desastrosas, y se avisa de que el próximo salto de versión no pinta mejor. Mientras, el reloj corre a favor del 10: según se apunta en el hilo, en la Unión Europea habrá un año más de soporte de seguridad mediante el programa de Actualizaciones de Seguridad Extendidas (ESU).
Y si no es Windows, ¿qué?
No todo el mundo vuelve al 10. Hay quien cambia directamente de ecosistema e instala una distribución de Linux en los equipos viejos, dejando el ordenador potente con Windows para jugar. La lógica es que lo que hacía antes ahora va más rápido y con la seguridad al día. Y hay quien pregunta por equipos antiguos, como uno que venía con Vista, de cara al salto al 10.
De fondo queda un detalle que muchos pasan por alto: quién controla la contraseña. Al reinstalar, según este usuario, si una aplicación se ha quedado con una credencial, el borrado limpio es la salida más fiable. ¿Cuántos seguirán el mismo camino antes de que la próxima versión les dé otra oportunidad?