Solidario García
Madmaxista
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Alaaddine Azzouzi, el reportero aplaudido por sus crónicas en catalán y árabe desde Ceuta: “Tener redacciones diversas no acabará con el racismo”
A sus 26 años, este descendiente de migrantes jovenlandéses nacido en Premià es una de las voces emergentes de la televisión pública catalana
Cuenta el periodista Alaaddine Azzouzi (Premià de Mar, 26 años) que “ghorba” (-غربة) ha sido uno de los conceptos que más le han repetido los migrantes del norte de África. “No tiene una traducción fácil. Es una palabra muy concreta asociada a la migración. Vendría a ser como sentirse extraño durante el viaje. No es morriña ni nostalgia, es una sensación de alienación durante el proceso”, explica, en una conversación que transcurre en catalán, sentado en una cafetería a pocos pasos de la sede en Sant Joan Despí (Barcelona) de 3Cat, la plataforma y marca unificada de la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (CCMA) que agrupa la televisión y la radio públicas de Cataluña.
Importa que Azzouzi conozca el matiz emocional de ese término. Descendiente de migrantes ingenieros que llegaron al Maresme en los 90, el reportero es una de las voces emergentes del periodismo social. Reportero en el informativo diario para niños en 3Cat —InfoK, el único de este formato en España—, Azzouzi habla cinco lenguas (catalán, castellano, árabe, inglés y francés). Fue con el idioma que aprendió de sus padres con el que se comunicó, sin traductores, con los migrantes árabes que entrevistó durante sus aplaudidas coberturas de la crisis en Ceuta para la televisión catalana.
Pregunta. ¿Qué lleva a un futuro ingenierio biomédico pasarse al periodismo?
Respuesta. Empecé esa carrera en la Autònoma de Barcelona (UAB). Es un campus donde se fomenta el espíritu crítico, muy activo en lo político y social. Estudiar sociología fue clave, decidí arriesgarme y cambiar de licenciatura. Había vivido mucho racismo y entendí que el periodismo tiene un potencial transformador para intentar mejorar la sociedad. Había una realidad que explicar.
P. Ha pasado por varias redacciones desde 2019. ¿Qué realidad ha querido contar durante estos años?
R. Me especialicé en reportajes sobre migración, desde los menores que viajan solos o las irregularidades en el empadronamiento. Quiero dejar claro que no soy solo el chico que habla de migración: puedo informar de muchas más cosas. Evidentemente, mi presencia en los medios de comunicación es simbólica e importante, pero no soy el portavoz de todo el antirracismo. Soy un periodista que intenta hacer bien su trabajo, combatir prejuicios y dar a la audiencia la información correcta.
P. ¿Pesa mucho ser el “reportero descendiente de migrantes” del que todo el mundo habla por sus crónicas en Ceuta?
R. Yo no me voy a cargar con la responsabilidad de acabar con todo el racismo de Cataluña. Los medios muchas veces cometen el error de focalizar el discurso sobre una persona, cuando hay muchísimas voces a las que podrían acudir. Es lo que le pasó a Miriam Hatibi con los atentados de la Rambla, se la quiso convertir en “la voz joven de los musulmanes en Cataluña”. Eso implica mucha presión.
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P. ¿Qué reflexión hace sobre su trabajo en Ceuta?
R. Mi objetivo era no perder la humanidad, recordar que esos migrantes son personas. A Ceuta han entrado 70.000 pasando hambre y en malas condiciones. Cuarenta días después, siguen durmiendo en la calle. Hay periodistas que optarán por lecturas geopolíticas o enfoques más abstractos, pero yo quería buscar a las personas, entre las que hay muchísimos niños a los que no se les ha ofrecido la protección que sí se reclama para los nacidos aquí. Esta una crisis migratoria evidente en una ciudad de 80.000 personas que, además, están afrontando los vecinos de las naves del Tarajal o de Hadú, las barriadas de la periferia. Mientras el centro respira una relativa normalidad, es el extrarradio el que está legítimamente molesto por el desbordamiento de la situación.
P. ¿Se ha enfadado mucho este verano escuchando a tertulianos?
R. Hay coberturas muy deshumanizadoras y sensacionalistas que llaman al alarmismo. Es una forma de hacer periodismo contraria al oficio. Por suerte, también hay quien apuesta por salir de la narrativa única de la oleada turística de un país y humaniza a las personas afectadas. Insisto en que la situación en Ceuta no es fácil.
P. “Oleada turística” es la palabra que más se está repitiendo.
R. Y no es inocua. Es apocalíptica, parece que se acabe el mundo cuando se expresa. Es a lo que juega la extrema derecha, moldear el miedo y nuestros sentimientos de vulnerabilidad para vender el relato de que nos acercamos a un abismo inevitable y solo ellos pueden parar el golpe. Para mí, esto no es una oleada turística: es una crisis migratoria y humanitaria.
P. Incide mucho en la visión deformada de la migración en los propios migrantes.
R. En Jovenlandia existe una idealización sobre Europa y una ignorancia deliberada a que el proceso migratorio es durísimo. Esa visión deforme viene dada no solo por las redes sociales, sino por los familiares que se fueron y que cuando vuelven de vacaciones exhiben una calidad de vida superior. Es una versión reduccionista porque ahí no se tiene en cuenta lo dificil que es el proceso de arraigo social, qué implica estar sin papeles o el racismo, tanto institucional como social, que esas personas han vividio en la experiencia migratoria.
P. Ahora es el rostro que informa cada día a los niños catalanes.
R. Es crucial crear referentes. Ahora, un niño que vive en un barrio periférico, descendiente de una clase trabajadora que cobra una nómina muy baja podrá imaginarse más allá de un trabajo mal pagado como el de sus padres. Agradezco mucho a Bea Duodu Owusu [la primera mujer zaina en presentar un programa de la televisión catalana y dar las noticias en el canal 3/24 desde 2022] porque, además de amiga, es referente y me ha ayudado mucho. En Cataluña me he reflejado en periodistas como Ferran Moreno, Andreu Merino, Helena López Vallejo o Sara Montesinos, que hacen un trabajo de periodismo social que me interesa y admiro, pero cuando llegué al antiguo Twitter fue cuando empecé a seguir fue a periodistas de origen migrante como Moha Gerehou, Lucía Mbomío o Youssef M. Ouled. Siguen siendo pocos nombres respecto a otros países como Francia, Reino Unido o Estados Unidos, donde ya hay más diversidad de informadores. También es importante recordar que tener diversidad, ya sea en las redacciones o cualquier otra empresa, no acabará, por si sola, con el racismo.
P. Antes de ser reportero fue activista antirracista en redes. ¿Qué les diría a quienes dicen que el periodismo no puede ser activista?
R. Activismo y periodismo son dos cosas distintas. La pregunta es qué tipo de periodismo quieres hacer. Yo creo en el periodismo útil para la sociedad y con voluntad transformadora. La palabra “activista” tiene una connotación muy negativa en el periodismo, porque parece que te resta credibilidad, pero el periodismo objetivo no existe. Cada palabra escogida y cómo es enunciada importa porque ya te sitúa en un determinado lugar. Soy un periodista que cree en los derechos humanos, y eso sí debemos poder decirlo con naturalidad.
