Cervantes y el sultán: la polémica película de Amenábar
Miguel de Cervantes quedó marcado en la mano izquierda en la batalla de Lepanto, fue capturado y pasó un largo cautiverio en Argel del que intentó escapar al menos cuatro veces. Esa es la biografía documentada. La película que Alejandro Amenábar ha dedicado al escritor añade, según las críticas que circulan desde su estreno, algo que ningún documento sostiene: una relación homoerótica con un sultán durante su cautiverio.
El asunto ha destapado tres discusiones a la vez. Hasta dónde puede llegar la licencia artística cuando se retrata a un símbolo nacional, si es aceptable financiarla con dinero público y por qué la lectura del deseo entre hombres sigue encendiendo los ánimos cuando se aplica a Cervantes y no a Shakespeare o a Julio César.
¿Qué pasó realmente entre Cervantes y el sultán de Argel?
Nada que pueda probarse. El escritor fue apresado y trasladado a Argel, donde pasó años de cautiverio antes de ser rescatado. Los documentos recogen sus fugas frustradas y su negativa a renegar de su fe, no un vínculo sentimental con su captor. Hay quien sostiene, con lógica sencilla, que si la relación hubiera sido real y consentida, extraña manera de demostrarlo es intentar huir cuatro veces. La película, en cualquier caso, es ficción: su punto de partida no es un archivo, es una hipótesis dramática.
Los errores de documentación que se le reprochan al filme
El reproche más repetido no tiene que ver con el amor, sino con la mano. La película muestra a Cervantes sin ella, y eso es inexacto: lo que perdió en Lepanto fue
el uso de la mano izquierda, no la extremidad. Un detalle minúsculo que, sin embargo, resume la queja de fondo. Si se falla en lo comprobable, ¿por qué debería el espectador creerse lo demás?
A eso se suma el retrato del propio escritor. Cervantes, señalan, no está en condiciones de defenderse. La pregunta que planea es incómoda: por qué se reescribe la vida de un muerto de hace cuatro siglos y no la de alguien con abogados.
Cine histórico financiado con millones de euros de subvención
Aquí el debate se vuelve económico. Cuando una producción se sostiene con
millones de euros en ayudas públicas, la licencia del autor deja de ser solo suya. Ese es el argumento que recorre buena parte de las críticas: quien cobra del contribuyente no puede escudarse en la libertad creativa para reescribir a quien no puede replicar. La respuesta habitual —la ficción no rinde cuentas al archivo— choca con una pregunta sencilla: entonces, ¿por qué el dinero público sí?
Shakespeare, Julio César y el homoerotismo en los clásicos
El precedente documental existe y ocupa buena parte del debate. Los
sonetos de Shakespeare, dirigidos al llamado Joven Hermoso, contienen expresiones de deseo hacia un hombre joven. Investigadores como Sir Stanley Wells y Paul Edmondson han reorganizado los 154 sonetos y sostienen que el lenguaje dirigido a sujetos masculinos no deja dudas sobre la bisexualidad del autor.
El teatro de la época añade contexto: estaba prohibida la participación de mujeres, así que Julieta la interpretaba un jovencito de cara femenina. Y sobre Julio César ya circulaba en su tiempo la burla de ser
el hombre de todas las mujeres y la mujer de todos los hombres, según recuerdan quienes siguen el asunto. Con Alejandro Magno y Hefestión hay versiones enfrentadas: un participante sostiene que gustaba de la compañía de sus compañeros de caballería y otro lo niega. La diferencia, vienen a decir, es que todo eso tiene siglos de literatura detrás y Cervantes, no.
El precedente de Ágora y la relación de Amenábar con la historia
No es la primera vez que el director se mide con un personaje histórico.
Ágora, su aproximación a una figura femenina de la Antigüedad, ya fue acusada de falta de rigor y de atribuir a la protagonista hechos que nunca cometió. Hasta la enciclopedia en línea más consultada dedica un apartado a desmontar la película por sus licencias, según recuerda un participante. Con ese historial, la desconfianza hacia el nuevo filme viene con aval.
El dato que descoloca
Mientras una parte pide el boicot y otra defiende la ficción, la taquilla hace lo de siempre: funciona. La cinta está rindiendo bien en cartelera, según afirma uno de los participantes en el debate. Un detalle incómodo para quienes aseguran que nadie quería verla y que el público la ha ignorado. Polémica, subvención y entradas vendidas. Tres cosas que rara vez van separadas.