La comparación: Alejandro fundó ciudades; el imperio mongol dejó rutas y peste
¿Se puede dominar medio mundo sin levantar una sola ciudad? Hay una comparación que estos días se repite con entusiasmo en el foro:
Alejandro Magno fundó más de 70 ciudades y asentamientos en menos de dos décadas, con bibliotecas, templos y arte incluidas. Gengis Kan, dueño del imperio más vasto sobre la tierra, no habría dejado rastro material de su paso. La tesis, contundente, no ha tardado en encontrar réplica.
La tesis que abre el debate: más de 70 ciudades en veinte años
El punto de partida lo pone el forero que abre el hilo: el macedonio plantó asentamientos allá por donde pasó y, según su versión, muchos siguieron en pie siglos después. Al lado se cita el caso de
Timgad, en Argelia, una ciudad romana cuyo trazado aún se distingue sobre el terreno. La conclusión que se extrae es tan simple como discutible: unos imperios dejan piedra y otros dejan polvo.
Cada cual elige el suyo.
Luego llega el matiz. Porque la obra de Alejandro tampoco fue filantropía, como recuerdan quienes replican en el hilo.
Persépolis también ardía: la réplica a la tesis alejandrina
El contraataque llega rápido.
Alejandro arrasó Persépolis, biblioteca incluida, recuerdan quienes replican, y ahí se acabó el relato del constructor inocente. Es el argumento que desmonta la comparación por el lado griego. Y por el lado mongol, la supuesta esterilidad urbanística se cae sola: varios foreros recuerdan que los descendientes del Kan fundaron ciudades,
Pekín entre ellas, y Tamerlán hizo otro tanto a su manera, sin que eso lo convierta en un filántropo.
El choque, entonces, no es entre civilización y barbarie. Es entre dos formas de dejar huella, y la segunda se mide peor porque no se visita.
Lo que los mongoles sí dejaron: comercio, tolerancia y una pandemia
Aquí la balanza se equilibra, según la réplica de uno de los participantes: bajo dominio mongol bastaba rendirse, se pagaba tributo y se conservaban costumbres. Eran animistas y
no imponían su fe. En su corte se sentó a eruditos de las principales religiones a debatir delante del soberano, que no impuso cortapisa alguna y se quedó con los detalles que le encajaban.
Tolerancia por interés, pero tolerancia al fin y al cabo.
El resultado comercial fue de otra escala. El mismo interviniente subraya que
la red de rutas que unió Asia por primera vez funcionó con la seguridad que aportaban los ejércitos mongoles, y por ahí circuló de todo. También circuló lo que nadie quería. Se sostiene que los herederos del imperio
exportaron la peste negra por Europa, y ese es el precio que no aparece en los folletos.
Qué queda de cada imperio
Quedan dos herencias que no compiten en la misma categoría. Alejandro firmó ciudades de piedra que todavía se visitan. Los mongoles firmaron un mapa conectado, un debate teológico y una pandemia. Y quedan las cifras de laboratorio: hay quien calcula que
el 0,5% de la población mundial descendería del Kan y que entre el 8% de los turcochinos hay rastro de su linaje. La demografía, esa sí, no necesita bibliotecas.
Al final el debate no se cierra y quizá por eso dura ocho siglos. Unos miden la historia en templos; otros, en rutas. Los arqueólogos, por si acaso, siguen excavando en ambos lados.