Inurrieta: los bancos centrales pueden crear dinero sin límite, pero a qué precio
El doctor en Economía Alejandro Inurrieta ha afirmado que los bancos centrales poseen capacidad ilimitada de creación de dinero. La declaración, recogida en círculos económicos, reabre el debate sobre los límites reales de la política monetaria y sus consecuencias. ¿Es cierto que pueden imprimir sin freno o se trata de una media verdad peligrosa?
El argumento de la capacidad técnica
Inurrieta sostiene que, técnicamente, un banco central puede emitir toda la moneda que desee. No hay una restricción física: pueden crear dinero de la nada. Esta idea, vinculada a la Teoría Monetaria Moderna (TMM), plantea que el verdadero límite no es la cantidad de billetes, sino la inflación que genera el exceso de liquidez. Los defensores de la TMM argumentan que mientras la economía tenga capacidad ociosa, la emisión no tiene por qué ser inflacionaria.
El contraataque de los escépticos
Los críticos responden con crudeza: la capacidad ilimitada de emisión no equivale a riqueza. El poder adquisitivo se diluye cuando se inyecta dinero sin respaldo productivo. La historia está llena de ejemplos: desde el Zimbabwe de Mugabe hasta la hiperinflación alemana de 1923. En la eurozona, el control de la inflación ha sido la prioridad del BCE, pero el debate resuena con fuerza en un contexto donde gobiernos como el español acumulan déficit y deuda. Algunos analistas ven en estas declaraciones un intento de preparar a la opinión pública para una monetización masiva de la deuda, lo que erosionaría el ahorro de los ciudadanos.
¿Intereses ocultos tras la teoría?
Tras la afirmación de Inurrieta subyace una sospecha: que el relato oficial busca normalizar la creación monetaria para sostener un gasto público insostenible. Mientras unos lo ven como una herramienta legítima para evitar el colapso fiscal, otros lo interpretan como un engaño que pagarán los de siempre: los ahorradores. La tensión entre la teoría económica y la práctica política nunca ha sido tan evidente.
Hay quien plantea un escenario sombrío: si la capacidad de creación es ilimitada y se usa sin control, el valor real del dinero tiende a cero. Pero si no se usa, el sistema financiero colapsa. Entre la espada y la pared, los bancos centrales seguirán imprimiendo. Lo que nadie sabe es hasta cuándo aguantará la credibilidad de la moneda.