El BCE abre la caja de Pandora estética: los nuevos billetes europeos reavivan la guerra cultural
El Banco Central Europeo ha lanzado una consulta pública para rediseñar los billetes de euro, y las propuestas presentadas por artistas de toda Europa han encendido un debate que trasciende lo estético. Con temas que van desde pájaros hasta rostros históricos, el proceso ha sido tachado por unos de «woke» y por otros de necesario lavado de cara. Pero detrás del choque visual asoma una pregunta incómoda: ¿está la UE intentando desdibujar su propio pasado?
Siete temas para una nueva era
La mecánica es clara: el BCE invitó a diseñadores a imaginar la nueva serie basándose en dos grandes temas: «cultura europea» y «ríos y aves». De entre las decenas de propuestas, ocho han llegado a la fase final, y la ciudadanía puede votar en la web del BCE. Los diseños van desde el más clásico —con efigies de Cervantes, Beethoven, Leonardo da Vinci o Marie Curie— hasta los abstractos con aves migratorias o motivos fluviales. Pero lo que en teoría es un ejercicio democrático de diseño se ha convertido en un campo de batalla identitario.
Las críticas más duras apuntan a la falta de monumentos, palacios y catedrales, sustituidos por un estilo que algunos califican de «posmoderno» y «globalista». Hay quien ve en los rostros seleccionados —María Callas, la premio Nobel Bertha von Suttner— un intento de forzar la diversidad a costa de figuras más reconocibles como Euler o Cicerón. Incluso el billete de 200 euros iba a incluir a una figura que, según las quejas, «no la conoce ni su casa». La chispa está servida.
El fantasma del dinero digital
El debate no es solo estético. Una corriente de análisis sostiene que estos nuevos billetes llegan tarde: con el euro digital en fase avanzada, el efectivo está condenado a ser residual en unos años. «Diseñar billetes que nadie usará puede ser un desincentivo deliberado para que la ciudadanía abrace la moneda digital», argumentan. Algunos ven en la fealdad de los diseños (comparados incluso con el yen) una estrategia para que el público pierda apego al papel moneda. No es descabellado: si el dinero físico parece de juguete, la transición al digital se hace más llevadera.
Francia ya ha dado pasos en esa dirección. En 2024, la Repúblique emitió monedas de 20 céntimos con el rostro de Josephine Baker, una artista y activista negra. Para unos, un homenaje merecido; para otros, el precedente de una deriva identitaria. El BCE lo sabe, y por eso el proceso participativo es también una válvula de escape: que los ciudadanos voten la serie que más les guste, y así repartir responsabilidades.
Cierre: el código cultural del efectivo
Lo que nadie discute es que los billetes son poderosos símbolos de soberanía. Cambiar su diseño toca fibras que van más allá del gusto: habla de quién está incluido en el relato europeo y quién no. Con la encuesta abierta, el BCE intenta esquivar la polémica, pero la guerra cultural ya está en marcha. Y el resultado podría ser una serie de billetes que, gusten o no, marcarán la identidad de la Unión Europea durante décadas. O hasta que el digital los barra.