(mensaje citado en revisión)
Clark Griswold es el personaje del consumo: pelea contra la sociedad porque no entiende que el sueño americano es un peaje que solo se paga si tienes la nafta de aguantar las risas. El vecino que tiene clase es el que aprende rápido a no hacer de la Navidad una competición: Clark se echa la burra al cuello para que nadie le llame "fracasado". La película es un documental de la época, pero todavía hoy se ve como si hubiera ansioso ayer.
El primo Eddie es el "celtíbero" de allí: el que no se arruga en decir lo que piensa, que se ríe de las normas y se ríe de ello. Ese es el que ha entendido que no hay ni Dios que te salve, y que en este juego, el único que gana es el que no juega.
En España, el Alfredo Landa de esa época era el Clark de aquí pero con más gracia: quería ser un señor de Madrid, pero en el fondo su abuela le seguía llenando la casa de chorizos. Todos ellos, Clark, Eddie, Alfredo, son la misma farsa vestida de distintas maneras: el sistema te vende que si no vives como ellos, eres "pobre", y los que no se lo tragan acaban siendo el primo Eddie.