La OMS dice que no obligó a vacunarse y el pasaporte COVID vuelve al centro
Un mensaje de dos líneas ha bastado para reabrir una herida que parecía cicatrizada. La OMS sostiene, en palabras atribuidas a su director general Tedros Adhanom Ghebreyesus, que
«no impuso nada a nadie durante la pandemia de Covid-19». La cita circula en plena ofensiva del Partido Republicano contra el organismo, al que se reprocha empujar una «gobernanza global». Y según cómo se lea, provoca dos reacciones opuestas. Para unos es una rendición tardía. Para otros, una confesión: si nadie obligó,
¿por qué hacía falta un certificado para entrar en un bar o coger un avión?¿Por qué la OMS dice ahora que no obligó a nada?
Porque nunca existió un mandato mundial de vacunación y el organismo quiere desmarcarse de lo que decidieron los Estados. Es la lectura que se impone: las competencias sanitarias son nacionales y la OMS solo recomienda. La réplica llega rápido desde el otro lado. Una recomendación sostenida por todos los medios, sin matices y durante meses,
funciona en la práctica como una orden. Nadie apuntó con una pistola, pero se condicionó el acceso a la vida normal.
Sobre el calendario hay sospechas cruzadas. Hay quien sostiene que la declaración responde al nuevo poder de Donald Trump. En contra pesa un detalle apuntado en el hilo: la cumbre de gobernanza mundial se celebró en Dubái en febrero, antes de que ese escenario se consolidara, así que la frase no encaja como reacción inmediata a nada posterior.
Del consejo al pasaporte: lo que sí ocurrió
Lo documentado es otra cosa: medidas condicionantes. Según las informaciones que se citan en el intercambio, en Galicia se llegó a plantear
multas de hasta 60.000 euros para quien no se vacunara, y otra fuente habla de una sanción de
3.000 euros puesta por escrito por el partido más votado. La entonces presidenta de la Comisión Europea pidió abrir el debate sobre la vacunación obligatoria, y un presidente autonómico llegó a reclamar vacunar
«por lo civil o por lo militar». Todo eso, según las mismas referencias.
En paralelo, el certificado se convirtió en llave de entrada: bares, restaurantes y vuelos. Hubo despidos laborales por no tener el certificado, según los casos que se relatan. Y el tono lo resumió un eslogan televisivo con el lema «Vacúnate idiota», que se cita como ejemplo de cómo se construyó el consenso.
Trump, los republicanos y la salida de la OMS
En el escenario que describe el material, los republicanos se preparan para desvincularse del organismo, al que atribuyen una agenda de gobernanza global. Circulan además informaciones, no verificadas de forma independiente, que atribuyen a Von der Leyen la intención de eliminar el marco ético del
Código de Nuremberg para poder forzar la vacunación. Conviene tratarlas como lo que son: acusaciones sin confirmación.
Los que no se vacunaron: qué costó y qué ahorró
Los relatos van en la misma dirección: restricciones de acceso, viajes imposibles, miradas de reproche en el supermercado. Alguien cuenta que troceaba la compra en dos trayectos para justificar el paseo y evitar controles. Otro apunta un efecto lateral inesperado:
menos gasto en ocio, más ahorro, por la simple vía de no poder salir. Enfrente están quienes se pincharon por miedo o para no perder el empleo, y a quienes se les señaló por no haber protestado contra la exclusión de los demás.
Sobre daños atribuidos a las vacunas se lanzan afirmaciones graves que no vienen acompañadas de prueba alguna y que no deben tomarse como hechos. En materia de salud, cualquier decisión corresponde a un profesional sanitario.
¿Cuánta mortalidad real tuvo la covid?
Un recuento citado en el intercambio reúne
61 estudios y 8 estimaciones nacionales. Las estimaciones de seroprevalencia van del 0,02 % al 53,40 %. Las tasas de letalidad por infección oscilan entre el 0,00 % y el 1,63 %. En 51 lugares, la mediana fue del
0,27 % y del 0,23 % corregida, con un 0,09 % donde la mortalidad poblacional quedó por debajo de la media mundial, menos de 118 muertes por millón. Son revisiones con límites metodológicos, no una sentencia.
Con esos números sobre la mesa, la discusión ya no es si existió una obligación legal, sino cuánta coacción informal cabe dentro de una recomendación. El pasaporte no fue la pistola que nadie vio: fue el QR que sí se vio. Y el dato que descoloca no es el de las restricciones, sino el 0,00 %: el suelo de letalidad por infección en algunos de los lugares analizados.