Torrente Presidente: la comedia que divide a España entre sátira y propaganda
Hace casi cuatro meses, el estreno de Torrente Presidente reavivó el eterno debate sobre los límites de la sátira política en el cine español. La sexta entrega de la saga creada por Santiago Segura llegó con una propuesta arriesgada: meter a su personaje más grotesco en la carrera presidencial. Y el resultado ha sido el esperado en tiempos de polarización extrema: una película que nadie deja indiferente.
Los cameos que marcan el blanco electoral
El gran reclamo de la cinta es su elenco de cameos, que supera en número y audacia a los de cualquier entrega anterior. Bertín Osborne interpreta a Pedro Vilches, un presidente del Gobierno que se mira en el espejo con narcisismo, clara alusión a Pedro Sánchez. A su lado, un asesor que responde al nombre de Patxi, en referencia al socialista Patxi López. La parodia también incluye una breve aparición de Kevin Spacey, según filtraciones del rodaje, y un gag sobre el atentado a Trump que ha sido calificado de “mal gusto” por algunos espectadores.
Sin embargo, los críticos más afilados señalan lo que no está: ni rastro de sátira contra el PP, Bildu, Puigdemont o los socios independentistas del Gobierno. El blanco principal es, sin duda, la extrema derecha. Torrente ficha por Nox (el partido ficticio que emula a VOX), y las bromas caen una y otra vez sobre el perfil del votante “facha” –tal como lo define Santiago Segura desde su perspectiva, según los análisis–. Para una corriente del público, la película es un panfleto disfrazado de comedia; para la otra, una parodia que se ríe de todos, pero con especial saña contra los que están más arriba en las encuestas.
Dos almas frente a la taquilla
Quienes la han visto y valoran su humor chabacano la colocan en el tercer puesto de la saga, solo por detrás de las dos primeras entregas. Destacan sus cameos sorpresa y su capacidad para enganchar al público fanático del personaje. Pero al mismo tiempo, una facción considerable la rechaza de plano: la tachan de “propaganda del régimen” y consideran que Santiago Segura ha perdido la equidistancia que antes caracterizaba al personaje. “Se ríe de los de VOX pero deja fuera a la izquierda y a los nacionalistas”, es una queja recurrente.
La polémica no se limita al contenido. El hecho de que la película haya recibido subvenciones públicas –algo que Segura siempre ha negado para su saga, pero que fuentes del sector dan por cierto– enciende aún más los ánimos. En un país donde cada euro público destinado al cine se escruta con lupa, financiar una comedia que se posiciona abiertamente contra una opción política levanta ampollas.
El ruido de las subvenciones y la rendición de cuentas
El debate sobre si Torrente Presidente está subvencionada es tan viejo como la propia saga. Santiago Segura ha mantenido durante años que sus películas se financian íntegramente con taquilla y patrocinios privados –Antena 3, por ejemplo, participa en la producción–. Sin embargo, varios análisis han desvelado que también se han beneficiado de ayudas del ICAA, como casi todo el cine español. La paradoja es que, mientras el público de derechas acusa al cineasta de vivir del erario para ridiculizarlos, sus defensores replican que la taquilla de sus películas es de las más altas del país y que, en todo caso, las subvenciones son legítimas.
Entre tanto, la película sigue su carrera comercial. Y la pregunta que flota en el aire es si este tipo de humor politizado consigue lo que promete: hacer reír a todos. Por ahora, las risas parecen dividirse en compartimentos estancos. Los que se sienten aludidos no ríen; los que no, se divierten a costa de los primeros. La línea que separa la sátira del panfleto es tan fina como el bigote de Torrente.
¿Quién ríe el último?
Lo cierto es que Torrente Presidente pasará a la historia como la entrega más explícitamente política de la saga. Y también como la que más ha removido el avispero. Santiago Segura, que empezó su carrera en el cine de Almodóvar y se manifestó contra la guerra de Irak, ha demostrado que, cuando le conviene, sabe exactamente a quién disparar. El tiempo dirá si la taquilla le da la razón o si la polarización se come a su propio creador.