Torrente, ¿profeta o simple reflejo de la España que venía?
La saga Torrente, nacida en plena burbuja inmobiliaria, se ha convertido mucho después en objeto de relectura política. Hay quien sostiene que varias de sus escenas no eran humor grueso, sino anticipación de lo que hoy copa los titulares: tensiones migratorias, pobreza crónica, impopularidad policial o el desafío independentista. La teoría, conocida como programación predictiva, sugiere que la ficción “vacuna” al público contra lo que está por llegar.
Los ‘aciertos’ que la saga se apunta
Los ejemplos que se citan abarcan dos décadas. En Torrente 3: El Protector (2005), la construcción ya era escenario de llegada masiva de inmigrantes. La fotografía se completa con cifras actuales: el 25% de la población en riesgo de pobreza y 6,7 millones de personas en precariedad, según informaciones publicadas. El plan de demoler la escalinata del Valle de los Caídos por 30 millones de euros o los episodios de violencia policial se añaden a la lista. Incluso la coincidencia geográfica del exministro José Luis Ábalos, nacido en la localidad de Torrent, alimenta la leyenda.
Entre la profecía y la picaresca
No todo es consenso. Hay quien recuerda que la picaresca española ya hacía esto en el Lazarillo de Tormes. Otros van más lejos: Santiago Segura no es un oráculo, sino un “bufón” con excelente olfato sociológico y un notable repertorio de cameos de todo el arco mediático en sus últimas entregas. Bajo esa lectura, la saga no predice nada: simplemente refleja sin filtros lo que ya estaba pasando, con incorrección calculada. Un solo “fallo” reconocible: nadie acertó con el salto electoral de Vox.
El debate se atasca en la misma pregunta: ¿Segura predijo el futuro o retrató el presente? La incomodidad de ver a Torrente como espejo es quizá la única respuesta.