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Alvise Pérez atribuye al número uno del PSOE al Congreso por Ceuta una agresión con armas blancas durante un forcejeo en el que la Policía Nacional lo redujo. La publicación no aporta pruebas de la agresión ni de la militancia.
Alvise Pérez atribuye al número uno del PSOE al Congreso por Ceuta una agresión con armas blancas durante un forcejeo en el que la Policía Nacional lo redujo. La publicación no aporta pruebas de la agresión ni de la militancia.
La publicación de Alvise Pérez en X muestra a un hombre reducido por agentes de la Policía Nacional durante un forcejeo. El texto que la acompaña identifica a esa persona como el número uno del PSOE al Congreso por Ceuta y le atribuye haberse abalanzado contra él junto a otras personas con armas blancas. La escena ocurre en la calle, con agentes uniformados interviniendo.
El mensaje sostiene que el hombre es «el nuevo n°1 del PSOE al Congreso por Ceuta». No acompaña esa identificación con ningún documento, y el PSOE no la ha confirmado. Tampoco hay verificación independiente de que el grupo portara armas blancas ni de que el forcejeo fuera un intento de agresión. Lo que la imagen sí muestra es la reducción por parte de la Policía Nacional.
La diferencia importa. Una cosa es un vídeo de un forcejeo con intervención policial; otra, la cadena de afirmaciones que lo envuelve: militancia, candidatura, armas y agresión coordinada. Ninguna de esas piezas viene acreditada en la publicación.
Estas publicaciones no son gratis. Cuando una acusación de agresión se difunde sin pruebas, la persona señalada puede acabar en una situación jurídica y laboral complicada, y quien la difunde se expone a una querella por injurias o calumnias. En España, la Ley Orgánica 1/1982 protege el honor frente a intromisiones ilegítimas, y las indemnizaciones por vulneración del honor pueden alcanzar miles de euros según el caso.
Para el partido señalado, el daño es de reputación: un candidato identificado públicamente como agresor antes de que exista resolución judicial. Para el autor, el cálculo es otro: la publicación acumula difusión y refuerza su perfil, con el riesgo legal como contrapartida.
El formato funciona. Un vídeo corto, una etiqueta política fuerte y una acusación concreta generan interacción rápida. La verificación llega tarde, si llega. Mientras tanto, la etiqueta de «mafia» aplicada a un partido entero convierte un episodio callejero en un relato completo.
Conviene recordar que la identificación de una persona como candidato, la existencia de armas y la intención de agredir son hechos que deben probarse. Un vídeo de un forcejeo no prueba ninguno de los tres.
Aquí tenéis al nuevo n°1 del PSOE al Congreso por Ceuta. Bloqueado del cuello por la Policía Nacional cuando se abalanzó contra mí junto a gente con armas blancas intentando agredirme. El PSOE es la MAFIA. pic.twitter.com/nsoAwBDIPS
— Alvise Pérez Ver publicación en X