Alvise Pérez, el candidato que algunos comparan con Milei y Bukele
¿Puede España tener su propio Milei o su propio Bukele sin tener ni a uno ni a otro? La pregunta recorre la candidatura de Alvise Pérez al Parlamento Europeo en las
elecciones del 9 de junio. Y la respuesta que da buena parte del electorado al que interpela es incómodamente sencilla: da igual. Aquí no se vota un programa, se vota un gesto.
El paralelismo con
Javier Milei y
Nayib Bukele tiene truco. El argentino es economista y llegó al poder con un plan contra la inflación; el salvadoreño atajó la violencia. Alvise es periodista y su capital es un canal de
Telegram con más de 400.000 suscriptores donde lleva tiempo publicando lo que otros callan. De ahí sale su autoridad, y de ahí salen también sus grietas.
De UPyD a la Eurocámara: el recorrido del candidato
No es un recién llegado. En su etapa universitaria se apuntó como voluntario a UPyD, pasó por el Instituto Cervantes en Leeds y fue delegado juvenil de los Liberal Demócratas británicos. También habría trabajado como asesor de un dirigente político, un detalle que unos usan para desacreditarlo y otros para recordar que un asesor no tiene por qué comulgar con quien le contrata.
El retrato que se le hace en el debate es el de un aspirante a político profesional desde muy joven, sin oficio conocido. Sus defensores responden que su oficio es precisamente ese: la denuncia pública. Y ahí está la primera fractura:
mientras unos ven un azote de la casta, otros ven a alguien que vive de señalar a los demás.
¿Cuántos votos necesita y cuánto se lleva un eurodiputado?
Para calibrar su peso hay una referencia concreta: en las europeas anteriores el PACMA rondó los
250.000 votos. El canal del candidato superaba los 400.000 suscriptores, y hay quien eleva la cifra a 440.000. Convertir seguidor en voto, sin embargo, no es automático, y ese es justo el cálculo que enfrenta al optimismo con el escepticismo: del escaño holgado a quedarse a las puertas.
Y está el dinero. Hay quien cifra un acta en Bruselas en torno a
6.000 euros mensuales más dietas, una cantidad que se repite en el debate pero que no procede de una fuente oficial. Alvise ha dicho que renunciará al sueldo público, algo que parte del electorado lee como coherencia y otra parte como promesa imposible de verificar una vez sentado. La credibilidad, en política, se juega en esos detalles.
La propuesta que le da voz: deportaciones en 12 meses
Su bandera más visible es la migración. El candidato sostiene que la deportación de
350.000 migrantes en situación irregular «perfectamente identificados» podría completarse en menos de doce meses. Se trata de una propuesta electoral, no de una política en marcha, y su viabilidad se discute: unos la consideran inejecutable por vías legales y otros, la única manera de tocar el problema de raíz.
El eje le funciona como marcador de identidad. También lo hace su señalamiento de Marruecos como actor adversario, una posición que, dicen quienes le apoyan, no ocupa nadie más en el espectro político.
El voto útil y el voto castigo
A mucha gente no le importa que el proyecto sea sólido; le basta con que incomode. Hay quien lo describe abiertamente como un sufragio de castigo, útil sobre todo si el escaño le cae al rival que se quiere ver fuera de la Eurocámara. En ese cálculo entra incluso la expectativa de que la candidatura supere a formaciones de izquierda que hoy ocupan escaño.
Otro argumento recurrente es la
inmunidad parlamentaria. Un acta europea da altavoz y protección, y eso, sostienen, es exactamente lo que persigue alguien que vive de destapar corruptelas ajenas. Para otros, es la prueba de que el proyecto es un instrumento personal y no una alternativa de gobierno.
Milei, Bukele y el problema del mesías
Se confunde a menudo el método con el resultado. Lo desmoronador de Milei y Bukele, admite incluso quien no comulga con ellos, no fue su ideología sino
que cumplieran lo que prometieron. Alvise llega, en cambio, con una mochila de desmentidos que sus críticos le atribuyen: publicaciones rectificadas, datos retorcidos y alguna información difundida como cierta que luego no se sostuvo.
Quienes le defienden responden que denuncia lo que nadie se atreve a denunciar, y que sin él muchas tramas habrían tardado años en conocerse. Quienes le critican sostienen que a veces no comprueba lo que publica y que ha señalado a personas que no tenían nada que ver. Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez, y ese es el problema.
El resultado de las urnas está por ver. Si saca escaño, España tendrá por fin su pieza antisistema en Europa; si no, quedará la duda de si el fenómeno era un electorado o solo un altavoz.
Con estos mimbres, la sorpresa sería que alguien se sorprendiera.