Anita dice facturar 90.000 € al mes en repostería: dudas sobre el cálculo
En el obrador de Anita Cakes, un negocio de repostería que arrancó con 10.000 euros de ahorros y hoy suma 16 trabajadores a tiempo completo, la fundadora asegura que facturan 90.000 euros al mes. La cifra, publicada en un vídeo del canal de Adrián G. Martín y recogida por
El Español, ha desatado un debate económico de fondo: ¿es realista ese volumen para una tienda de galletas y pasteles? La propia Anita desvela que las
cookies dejan un 35% de rentabilidad y las tartas la mitad, y que abrir cada día les reporta entre 900 y 1.100 euros. Con esos mimbres, la aritmética se convierte en el centro de la discusión.
De 10.000 euros a un obrador de 400.000
La historia que cuenta la empresaria es la de un negocio que empezó en casa y se mudó a un local por una razón poco romántica:
higiene y visibilidad. «Empezamos a hacer tartas en casa y yo ya desde el principio no quería hacerlas en casa, quería que fuera más higiénico, tener más tiempo y que la gente nos viera», relata. Con 10.000 euros compraron un horno doméstico, una batidora normal y alguna cosa de segunda mano. Hoy producen cerca de
10.000 unidades al mes entre cookies, brownies, muffins, tartas de queso y bizcochos, y la inversión total acumulada supera los 400.000 euros.
El producto estrella no ha cambiado en once años: las cookies. «El producto número uno y más vendido son las cookies. Desde siempre, desde hace 11 años, es lo que más se vende», confiesa. El récord de una jornada fue de
17.000 euros solo vendiendo cookies y pasteles. La empresaria reconoce errores de gestión: no hizo plan de negocio y durante años no cobró sus propias horas. «El error más grande fue no tener los números como prioridad», admite.
¿Cuánto queda de esos 90.000 euros al mes?
Un cálculo que circula en foros parte de restar el IVA. De 90.000 euros de facturación,
18.900 se van directamente a Hacienda al tipo general del 21%, lo que deja 74.380 euros. Aplicando un margen medio del 26% —mezcla del 35% de las cookies y el 17% de las tartas—, el beneficio bruto ronda los
19.338 euros mensuales. A partir de ahí, los gastos fijos se comen el resto: cuota de autónomos, alquiler del local, luz, gestoría y al menos un empleado. El cálculo completo, partida a partida, deja un margen que sorprende a quien esperaba una mina de oro.
La comparación con cadenas consolidadas rebaja el asombro. Una pastelería de barrio con varias décadas de actividad puede facturar
3.000 euros al día sin que nadie le dedique un reportaje. La diferencia no está en el volumen, sino en el margen: vender menos unidades a precio alto. Un cupcake a cuatro euros no es más que una magdalena con glaseado, pero en una zona céntrica y premium el cliente paga la experiencia. En un barrio con rentas bajas, el mismo producto no sostiene el negocio.
El relato de la emprendedora y sus grietas
La historia encaja en un molde editorial que se repite: emprendedora que empieza con poco, triunfa y planea franquiciar su marca. «A mí me encantaría estar en el aeropuerto, en Barcelona, en Madrid... conquistar el mundo», dice Anita. El problema es que el molde genera sospecha automática. Una parte del análisis sostiene que este tipo de reportajes funcionan como
publirreportaje encubierto para vender una franquicia o traspasar el local. Otra corriente va más allá y sugiere que detrás de la noticia hay ayudas públicas a la incorporación de la mujer al empresariado, aunque no aporta documentación que lo respalde.
El escepticismo no es gratuito. La noticia se ilustra con una imagen de la pastelería
generada con inteligencia artificial, no con una foto real del obrador o de la clientela. Ese detalle, menor en apariencia, alimenta la desconfianza sobre el conjunto del reportaje. También llama la atención que la empresaria agrícola mencionada en el mismo artículo, con una facturación de casi 20 millones anuales, aparezca descrita como un «reloj suizo» mientras el campo español atraviesa dificultades reconocidas. La comparación entre ambos perfiles —manos finas de modelo frente a explotaciones que no cubren el gasoil— se usa como prueba de un supuesto trato de favor, sin que se aporte un solo dato verificable.
Facturar no es ganar: el error de lectura más común
El malentendido de base es confundir facturación con beneficio. Una empresa puede facturar 90.000 euros al mes y estar en pérdidas. Otra puede facturar 30.000 y dejar un margen limpio superior. En el caso de Anita Cakes, la propia fundadora da la pista: las cookies rinden un 35%, las tartas la mitad. Esa asimetría explica por qué el negocio empuja las galletas y por qué el producto estrella no ha cambiado en once años. La rentabilidad no está en el volumen, está en la mezcla.
El otro factor que se ignora es el coste del tiempo. Anita lo aprendió a golpe de error: hacía tartas de fondán que le llevaban horas y jamás cobró esas horas. «El tiempo es lo más valioso», dice ahora. Ese aprendizaje es el que separa a un negocio que sobrevive de uno que escala. Y también el que explica por qué muchos obradores pequeños facturan cantidades respetables y no llegan a fin de mes.
El negocio real: márgenes altos en ubicaciones caras
La pastelería funciona cuando se cumplen tres condiciones: producto con margen alto, ubicación con poder adquisitivo y clientela recurrente. Las cookies cumplen la primera. La tienda física aporta la segunda. Y la tercera la sostienen los pedidos personalizados, la venta online y el catering para eventos, canales que completan la facturación hasta esa cifra redonda de 90.000 euros. La estimación que hace el propio autor del vídeo es que la tienda genera unos 30.000 euros al mes y el resto procede de otros canales.
El problema es que ese modelo no es replicable en cualquier barrio. La clientela joven no compra bandejas de pastelitos con crema y frutitas caramelizadas; son los mayores quienes sostienen ese consumo en las panaderías tradicionales. El público de Anita es otro: compra una cookie a precio premium, no una docena de magdalenas. Es un negocio de nicho con márgenes de lujo, no una panadería de barrio con volumen.
Lo que el cálculo no termina de cerrar
La aritmética deja un margen bruto de unos 19.000 euros mensuales antes de gastos fijos, y el beneficio neto depende de cuántos empleados figuren en nómina y de cuánto pese el alquiler. La empresaria no desglosa esas partidas. Tampoco aclara cuánto de los 90.000 euros corresponde a la tienda física y cuánto a pedidos, online o catering. Sin ese desglose, la cifra funciona como titular, no como dato contable. Y el titular, en este caso, es lo que se vende.