Eric Finch
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Antipedristas rendíos, no tenéis nada que hacer
21/10/2026Agustín Valladolid-Vozpópuli
- El beso de Fuenlabrada es un acto de absolución profiláctica que reafirma el papel de víctima de Gómez y traslada un nítido mensaje en clave interna
El futuro penal de Begoña ha sido, y sigue siendo, la principal preocupación del presidente del Gobierno. En el terreno político, y también en el personal. Aquí hemos dicho varias veces que conoceríamos la fecha de las elecciones cuando Sánchez tuviera una previsión bastante ajustada del calendario judicial de su esposa. Y a finales de septiembre ya lo tenía bastante claro.
Desde entonces, se han preparado unos cuantos papeles sobre la estrategia a seguir. Y se han unificado intereses y objetivos que inicialmente no estaban del todo alineados. El beso de Fuenlabrada es el primer acto de un proceso que tiene un doble propósito: amortizar lo de Begoña y garantizarse el blindaje de la militancia para liquidar un plan cuya finalidad es llegar a las urnas sin fisuras internas que debiliten una candidatura personalísima y de intención plebiscitaria.
El beso de Fuenlabrada, que, no sé por qué, me recordó a aquel famoso de Honecker y Brezhnev, fue un acto de absolución profiláctica que buscaba reafirmar el papel de víctima de Gómez y zanjar de puertas adentro cualquier crítica o duda razonable sobre la conveniencia de usar como baza electoral a alguien que, al margen de cuál sea finalmente la calificación jurídica de sus actos, usó su privilegiada posición para obtener un beneficio personal.
La que se avecina
La performance peronista de Fuenlabrada, y la de Valladolid, confirman que Sánchez va a hacer lo que le dé la real gana y no va a admitir disidencias. “Ha sido él quien creó los ‘monstruos’ de Ayuso, para acabar con Pablo Casado, y el de Abascal para cancelar a Feijóo. Es el principal responsable de lo que viene, de que lo más probable, digan lo que digan, es que el bloque de la derecha supere al de la izquierda en 30 o 40 fruta. Pero si alzas la voz estás perecid”.No puedo revelar quién es el autor o autora de este comentario, porque si lo hiciera éste, o ésta, pasaría a aumentar la nómina de cadáveres ilustres antes de tiempo. Pero es fácil deducir que se trata de alguien no muy partidario, alguien que aún conserva ciertas responsabilidades políticas y cuyo principal temor es un Pedro Sánchez que, sea cual sea el resultado el 29-N, está decidido a atrincherarse en una oposición de feroz confrontación.
El presidente del Gobierno tiene toda la información. Sabe lo que se avecina. Sabe hasta qué punto la situación económica y social del país se va a complicar en los próximos ejercicios. El dinero que habrá que devolver a Europa por una gestión nefasta de los fondos europeos. La extraordinaria dificultad de solucionar en un plazo razonable el problema de la vivienda, o los implacables efectos que tendría en el Estado de bienestar una no improbable crisis de deuda.
Sánchez todo eso, y que en 2027, con la derecha en el poder, la calle puede calentarse; mucho. Hasta es posible que veamos un primer ensayo pronto, el día de la huelga general. Y no está dispuesto a compartir la menor responsabilidad con efecto retroactivo. Para ello, para no atender ninguna petición de auxilio, necesita un partido a la búlgara, sin disidencias relevantes que reclamen algo de sensatez. Y de patriotismo.
Un congreso a la búlgara
¿Pero qué pasará si el PSOE baja de los 100 escaños? Es la pregunta que algunos cuadros se hacen, y es relativamente fácil de contestar. Sean 90 o 120 los fruta que consiga el PSOE el 29-N, lo que en buena lógica hará Sánchez será convocar de inmediato un congreso antes de las elecciones autonómicas y municipales de mayo. A celebrar allá por marzo o abril. Explotará los primeros patinazos del presumible gobierno PP-Vox (y si todavía no los hubiera ya se los fabricarán) y venderá que hay opciones de recuperar algún territorio o alguna capital de provincia de cierto tamaño.Con la convocatoria del congreso en el momento oportuno, para sus intereses, Sánchez zanjará cualquier crítica que pudiera derivarse de un mediocre resultado en las generales y pondrá al partido en fila de a uno. El objetivo, dirán, es cerrar filas para frenar en municipios y regiones a la derecha. Todo el mundo al suelo; quietos paraos. Unanimidad. Aclamación. Bulgaria. Aquella Bulgaria. Y de paso acabar con los últimos reductos de resistencia interna.
Emiliano, vete recogiendo. Y antipedristas en general, pocos o muchos, rendíos. No hay nada que hacer. Ni siquiera en territorios tan briosos como Palencia, Burgos o Albacete, donde no es tan fácil justificar un atropello con un besuqueo. Haced como aquel notable ministro de Educación que años después le pidió árnica a Pablo Iglesias y ahora ha aceptado transgredir la Ley Orgánica del Defensor del Pueblo para sacar al Gobierno del barro en el que se ha metido con la llamada ley de nietos. Os irá mejor.
(¡Ay Ángel Gabilondo, quien te ha visto y quien te ve!)
