El cálculo imposible del cayuco que cruza el Atlántico
Un cayuco cruza desde Senegal hasta Tenerife. La distancia, 900 millas náuticas. La velocidad media, cinco nudos. El resultado son 180 horas de navegación. Con un motor de 100 CV y un consumo de 35 litros por hora, la cuenta sale a
6.300 litros de gasoil. Y con sobrecarga, deriva y mala mar, la cifra sube entre un 30% y un 50%. La pregunta que recorre el asunto desde hace tiempo es sencilla: ¿dónde se meten seis mil litros de combustible en una embarcación que, según los testimonios, lleva más de 200 personas a bordo?
El planteamiento no es nuevo, pero el desglose ha ido ganando precisión. A la gasolina se suman el agua —
3.000 litros para 200 personas a dos litros diarios durante siete días y medio— y la comida, unos 750 kilos de raciones. La embarcación tendría que cargar combustible, víveres y pasaje en un espacio que, a simple vista, no da. De ahí surge la hipótesis que más se repite: un barco nodriza que acerca a los ocupantes hasta la costa y los transborda a los cayucos en el tramo final.
Qué dice el cálculo de consumo y por qué no cuadra
La aritmética es tozuda. Un motor fueraborda de 100 caballos quema unos 35 litros por hora a régimen de crucero. Multiplicado por 180 horas de travesía, son 6.300 litros. Si se añade el sobreesfuerzo por sobrecarga, corriente y oleaje, la horquilla se dispara. No hay depósito estándar que soporte esa carga sin comprometer la flotabilidad.
Hay quien sostiene que la travesía se hace a vela en parte del recorrido, lo que reduciría el consumo. En contra pesa el dato de que los cayucos intervenidos rara vez llegan con aparejo en condiciones. Otros apuntan a que el repostaje se hace en alta mar, desde embarcaciones auxiliares. Es la hipótesis del barco nodriza, que también explicaría por qué los ocupantes llegan con teléfonos cargados y sin rastro de salitre.
La logística que no se ve: agua, comida y teléfono cargado
El agua es el otro gran problema. Dos litros por persona y día durante una semana son 3.000 litros. La comida, en raciones de 500 gramos, suma 750 kilos. A eso se añade el combustible. El volumen total es incompatible con las dimensiones habituales de un cayuco. La conclusión que se extrae es que alguien aprovisiona a mitad de camino.
La escena que más se repite en los testimonios es la de ocupantes recién afeitados, con el pelo limpio y sin salitre en la piel. Detalles que, para quien los observa, apuntan a un tramo final corto y a un trasbordo previo. No es prueba de nada, pero alimenta la sospecha de que el relato oficial omite una parte del recorrido.
El negocio de la ruta: 9.500 euros por persona
La ruta migratoria canaria mueve dinero. Según las informaciones que se citan, cada ocupante paga unos
9.500 euros por el trayecto desde Argelia hasta Baleares. En un cayuco de 60 personas, la operación supera los 228.000 euros. La trata se ha convertido en un negocio más rentable que el narcotráfico y con menos riesgo penal.
A esa cifra se suma el gasto público. El Gobierno ha anunciado cuatro licitaciones para la alimentación de migrantes en centros por valor de
56,4 millones de euros. La Comunidad de Madrid destinó 1,83 millones a una ONG desde 2021, con 838.000 euros solo en el último ejercicio. El círculo se cierra: dinero público que financia la acogida y mafias que cobran por el viaje.
La hipótesis del barco nodriza y el relato oficial
La versión que más circula es la del barco nodriza. Un buque acerca a los ocupantes hasta cerca de la costa y los transborda a los cayucos, que quedan a la deriva hasta que los servicios de rescate los localizan. Pescadores de la zona han declarado que los cayucos aparecen sin motor y con exceso de pasaje. La pregunta es por qué los medios no lo cuentan así.
No hay confirmación oficial de ese modus operandi. Lo que sí está documentado es que los ocupantes portan teléfonos satelitales, GPS y bolsas de la OIM, herramientas para transmitir su posición y ser rescatados. La combinación de medios de localización y ausencia de combustible refuerza la tesis del tramo final corto.
El coste humano y el debate sobre las causas
La travesía es peligrosa. Los relatos de quienes la han hecho en veleros precarios hablan de condiciones extremas. La mortalidad en la ruta canaria es alta. Ese es el dato que ninguna hipótesis desmiente: el viaje mata, con nodriza o sin ella.
El debate sobre las causas se divide. Una parte sostiene que las ONG y los gobiernos facilitan la llegada y actúan como efecto llamada. Otra apunta a las mafias y a la falta de vías legales. En medio, los datos: 6.300 litros, 3.000 litros de agua, 750 kilos de comida, 9.500 euros por persona. Números que no encajan en un cayuco. Y una pregunta que sigue sin respuesta oficial.