Entre 1968 y 1975, la economía española experimentó un período de rápido crecimiento conocido como el "milagro económico", con una media de expansión del PIB del 7% anual entre 1960 y 1975, un ritmo que solo Japón alcanzaba en aquel momento. Este crecimiento se sustentó en una fuerte expansión industrial, impulsada por la planificación económica a través de tres Planes de Desarrollo (1963-1975), que priorizaron la inversión en sectores clave como el automóvil, los electrodomésticos y la infraestructura. La producción industrial creció a una tasa anual del 10% entre 1960 y 1973, y el acceso a bienes de consumo masivo, como televisores (del 1% en 1960 al 85% en 1975) y automóviles, se extendió ampliamente.
El financiamiento de este desarrollo dependió en gran medida de flujos de divisas externas, principalmente provenientes del turismo, las remesas de los emigrantes españoles —que superaron los 3 millones entre 1960 y 1972— y la inversión extranjera directa, especialmente alemana y estadounidense. Aunque el régimen franquista promovió una imagen de estabilidad y modernización, la economía seguía siendo altamente intervencionista y cerrada, con una estructura productiva dominada por la banca y los grandes grupos industriales, que obtuvieron ventajas fiscales y crediticias. La tasa de paro en 1975 se situaba en torno al 4%, aunque este dato ocultaba una alta tasa de subempleo y una economía con fuertes desequilibrios estructurales.
Fuente: la IA