Ceuta, 18 días después: la factura de una crisis anunciada
Ceuta lleva 18 días bajo el foco después de una entrada masiva de personas migrantes que algunos sectores no dudan en calificar de «invasión». La tensión política se ha comido a la económica, pero el trasfondo es el mismo: la confianza en el Ejecutivo está bajo mínimos. Se acusa al presidente de haber preparado una narrativa para justificar el abandono de Ceuta y Melilla, el mismo guion que, según sus críticos, siguió con el pueblo saharaui.
La sombra del Sáhara pesa sobre Ceuta
El argumento central de quienes desconfían del Gobierno es la comparación con el Sáhara Occidental. En la otra orilla se desdeña la acusación de traición: la descolonización fue una decisión soberana, no un abandono. El choque entre ambas lecturas es total. Mientras unos ven una estrategia de cesión a Marruecos, otros recuerdan que la propia ciudad declaró persona non grata a Santiago Abascal por hablar de invasión en 2021.
El pulso local y la lectura geopolítica
La analogía con Kosovo circula como advertencia: presión demográfica sostenida, cambio del equilibrio y, al final, una anexión de facto. Quienes la usan creen que Ceuta y Melilla son el próximo objetivo. Los más escépticos responden que el asedio acabará en capitulación, no en conflicto abierto. Mientras tanto, la ciudad espera señales que no llegan.
El dato que descoloca es de 1987, cuando el conflicto del Sáhara ya envenenaba la política española. Casi cuatro décadas después, el asunto sigue anclado en la misma sospecha. Y nadie ha presentado una factura.