Desempleo global y mercado bajista: la IA como excusa perfecta
Paradoja de manual: la mayor economía del mundo está en plena ocupación según la estadística oficial —4% de paro— y, sin embargo, pierde 100.000 empleos en un mes. España, con una población siete veces menor, registró un enero aún peor. A principios de febrero de 2026 circulaba una advertencia que cada vez pesa más: ha comenzado un mercado bajista de cuatro años, y lo que se ha visto hasta ahora sería solo el aperitivo.
Por qué lo de 2008 podría quedarse corto
La previsión más repetida no es una corrección suave. Hay quien sostiene que la recesión financiera de 2008 será una broma al lado de lo que viene. El argumento se apoya en tres patas: el crédito al consumo concedido a perfiles con semanas de antigüedad laboral, una inflación que ya pone el calabacín a tres euros el kilo y unos estados que podrían elegir entre el impago o una hiperinflación. La bola de nieve, según esta lectura, se está cargando sin que los grandes agregados lo reflejen todavía.
La inteligencia artificial: ¿causa o coartada?
El hundimiento de plantilla en una conocida red social —80% de empleados a la calle y el servicio siguió funcionando— se ha convertido en el espejo donde miran muchos comités de dirección. Hay dos lecturas enfrentadas. La primera sostiene que la IA está arrasando profesiones por cuenta propia: traductores, profesores online, editores de vídeo, músicos. La segunda responde que la tecnología es la excusa perfecta para recortar una plantilla inflada de puestos que nunca fueron productivos, muchos vinculados a políticas de diversidad. Ambas coinciden en un efecto retardado llamativo: si no se contratan juniors, cuando los seniors se jubilen no habrá recambio.
El mercado laboral ya enseña los dientes
Las ofertas de empleo de base acumulan cifras que asustan: un puesto de auxiliar administrativo en Barcelona, 759 inscripciones en cuatro días; un turno parcial de cajero en Girona, 260 en veinticuatro horas. En Suiza, cuatro despidos conocidos la misma semana liquidaron cada uno el 20% de la plantilla de su empresa. Los datos de destrucción de empleo se mueven a velocidad distinta que las estadísticas oficiales, que tardan meses en contarlo.
El consenso sobre el ciclo bajista crece, pero hay un punto que no encaja: la vivienda. Con presión migratoria y necesidades de alojamiento, el ladrillo podría mantener los precios durante años, hasta bien entrada la próxima década. Si la bolsa cae y los pisos no, el ahorrador medio quedará atrapado entre dos fuegos. ¿Quién recuerda una crisis con esa combinación?