El debate salta de la cuenta a los 99+ likes de Tinder
El hilo deja de discutir quién paga la cena y se lía con otra cosa: cuántas oportunidades tiene cada uno. Pasa en un solo día, el 23 de septiembre de 2026, a lo largo de 40 mensajes. El primer recado es de una línea, alguien pregunta en qué ciudad ocurrió todo. Nadie contesta.
Qué se ha sabido
Aparece un enlace. Un participante pega
una noticia de Noticias de Gipuzkoa del 22 de septiembre sobre Estefanía Etxebeste y lo acompaña con una broma sobre invitarla a cenar. No hay más contexto y nadie vuelve sobre el asunto.
La cifra que más se repite es un gasto. Un participante cuenta su única cita con cena:
70 euros en el extranjero, y lo describe como un mes amargado. Dice que la chica era agradable, inglesa y bien criada, que iba detrás de él, y que aun así pasó: el desembolso le rompió el interés. Añade que
si hubieran quedado para un café igual habría llegado a algo la cosa. Y aclara que no es tacaño porque en su casa paga todo él.
Después llega la ficha personal. A uno de los intervinientes le preguntan edad, altura, hijos, situación laboral y qué busca, y responde:
40 y tantos años y entre
1,82 y 1,83 metros. Suelta también que no hay mujeres solteras. No da nada más y corta: que no tiene por qué contar su vida privada.
Y llegan los números de las aplicaciones. El mismo participante sostiene que una mujer de entre 20 y 50 años se abre Tinder hoy y mañana tiene
99+ contactos, mientras que un hombre con trabajo y físico normal junta
tres contactos en una semana, uno de ellos una cuenta falsa. Lo presenta como «matemática de plataforma». No aporta capturas ni series que lo respalden.
El cuestionario
A quien da las cifras se le pide currículum: edad, si tiene hijos, si está divorciado, en qué trabaja, si quiere pareja estable, familia o algo más suelto. La idea de fondo es que sin esos datos no se puede juzgar nada. La respuesta es la mínima y con recorte. Otro participante resume el tono de la conversación con una palabra:
cutre.
Dónde está la bronca
El hilo se parte en dos. Primero, si el relato original es verdad o es invento. Uno dice que la historia tiene «visos de realidad». Otro, que huele a falso. Un tercero escribe una sola palabra: «invent». Un cuarto se burla del asunto. Nadie aporta nada para comprobarlo y ahí se queda.
Segundo, el protocolo. Casi todos coinciden en una cosa: la comida o la cena no van en la primera cita. Un participante recomienda café el primer día, pagando sin aspavientos y mirando si la otra persona hace ademán de poner algo. Otro propone un segundo encuentro en un sitio normalito y cortar si no hay intención de aportar. Un tercero lo pide en una frase: café, paseo o excursión de domingo por la mañana, y define esa propuesta como filtro ideal. Alguien más sentencia que la cena de primera cita es de otra época. Una voz lleva la contraria al ambiente: dice que sale todos los fines de semana que le apetece y que no entiende de qué se queja el resto.
Frente a eso, la regla de la alternancia. «Una vez tú, una vez yo», plantea un forero, y lo que no encaje en ese esquema, fuera. De paso, una petición previa: avisar de que no se invita más, en lugar de desaparecer.
En el tramo también se cruzan dos opiniones que no se sostienen con datos. Una generaliza sobre las mujeres españolas y su supuesta falta de ganas de trabajar; no cita ninguna fuente. Otra plantea la cita como un intercambio y da por bueno el gasto si la velada acaba en algo, sin detallar. Ambas circulan como opinión de quien las escribe y nada más.
La discusión sobre la edad también se enciende. Alguien responde que con 33 años el que está mal es él. Otro dice que 33 le parecería bien y que a esa edad todavía no hay problema. Un tercero contesta que a los 37 ya es tarde,
chao chao. Son plazos que se lanzan sin apoyo ninguno, solo como impresión personal.
Qué cambia respecto a antes
Se da por superado el reparto exacto de aquella factura. Nadie vuelve al caso concreto, ni a la promesa incumplida, ni a los encuentros previos. El eje se ha movido: ya no se discute cuánto cuesta una cita, sino cuántas citas hay.
Entra un asunto nuevo, la sospecha de que el relato está fabricado. Ocupa varios mensajes y no se resuelve.
Y entra otro argumento, el de la escasez. La idea de que el problema no es el dinero sino la falta de ocasiones, con las aplicaciones como explicación. Es una hipótesis, se repite mucho y no se mide.
La pregunta inicial, la de la ciudad, se queda sin respuesta. El enlace deportivo, sin desarrollo. Y el hilo sigue sumando mensajes con el mismo desorden con el que empezó.