¿Está
Rusia al borde del colapso? Después de meses de bombardeos que apenas penetran la defensa ucraniana, una corriente de análisis sostiene que es el momento de intensificar los golpes. El argumento: la economía rusa sangra por las refinerías incendiadas, sus avances se han estancado y sus amenazas cada vez suenan más a farol. Pero hay quien discrepa y advierte de que la resistencia rusa no es la debilidad del país sino del líder.
El argumento de la debilidad rusa
Los ataques ucranianos contra refinerías, depósitos de combustible y objetivos logísticos en territorio ruso han provocado daños que, según algunos analistas, son más significativos que los que Rusia inflige a Ucrania. Mientras Moscú destruye pisos y golpea a civiles, Kiev golpea donde duele: el petróleo. La vulnerabilidad de las refinerías, blancos fijos y difíciles de mover, contrasta con los campos de cultivo ucranianos que resisten los bombardeos. La conclusión de esta corriente es que Rusia ya no puede sostener una ofensiva a gran escala y que la presión del próximo invierno podría ser decisiva.
Los contrapuntos: resistencia y demografía
Pero no todo es tan lineal. La movilización rusa en la sombra apunta a una ofensiva para conquistar el Donbás en 2027, un horizonte que no sugiere colapso inmediato. Ucrania, por su parte, afronta un problema demográfico severo: los varones menores de 25 años abandonan el país y el ejército recurre cada vez más a máquinas y a combatientes extranjeros. El corte del tránsito de grano en Odessa, aunque compensable en parte por camiones, añade presión a una economía que vive de la agricultura. La resistencia no se mide solo en territorio ganado.
El factor político estadounidense
Ucrania depende de la ayuda exterior, y el horizonte político estadounidense es una incógnita. Hay quien arguye que la administración actual, en lugar de ayudar, está perjudicando a Kiev, y que un cambio en la Casa Blanca podría ser el verdadero vuelco del conflicto. Mientras tanto, los ataques rusos se interpretan como una muestra de desesperación. La pregunta que queda abierta es si la ventana de oportunidad para golpear más fuerte durará hasta que llegue ese cambio político.
Faltan interceptores para frenar los ataques rusos, aunque Kiev cuenta con planes para desarrollar los propios. Con la economía rusa tambaleándose y la guerra consumiendo recursos humanos, la balanza parece inclinarse, pero la historia no se decide solo con datos: también con tiempo.