Ucrania no está invitada a la mesa donde EEUU y Rusia se reparten el mapa
La paradoja es de manual: se negocia la paz de una guerra sin el país que la está librando. La BBC informó de que Ucrania no figura entre los invitados a las conversaciones entre EEUU y Rusia, y el Kremlin anunció después una reunión en Riad entre ambas potencias. En paralelo, los líderes europeos se reunían en París para intentar colarse en una foto de la que, a todas luces, se les ha apeado. El resultado es una escena que resume el nuevo orden: dos actores deciden, el resto espera en la puerta.
El reparto del botín sin el dueño del terreno
La lectura más repetida es la del reparto. Si no está una de las partes, aquello no es una negociación de paz, sino una liquidación de activos. Ucrania, con recursos minerales codiciados en su subsuelo, se ha convertido en el objeto de la operación y no en sujeto. La conclusión que se repite: las tierras raras para EEUU, la industria del Donbás para Rusia y Europa —tú y yo— a pagar la reconstrucción y poner tropas de paz.
Hay quien va más atrás y sostiene que Ucrania se autoexcluyó mucho antes, cuando apostó por una Administración estadounidense y, según esta versión, filtró conversaciones para perjudicar a la otra. La apuesta salió mal y los ciudadanos ucranianos pagan la factura. La moraleja que se extrae: en política exterior no hay gratitud, solo intereses.
El precedente de Yalta y la lógica del más fuerte
El paralelismo histórico aparece varias veces: en 1945 tampoco se sentaron en la mesa los países que habían sido el campo de batalla. Ucrania ocuparía hoy el papel de herramienta de Occidente, igual que Alemania entonces. La realpolitik no invita al país que se va a desmembrar; como mucho, se le cita después en otra sala para comunicarle lo decidido.
La cita clásica que se rescata es la de los atenienses a los melios: los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben. La traducción contemporánea es incómoda: si no quieres sufrir, trabaja para dejar de ser débil. Y la Unión Europea, según esta tesis, lleva años haciendo lo contrario, acumulando dependencias y políticas que la debilitan.
Europa paga la fiesta y no entra al salón
El agravio europeo tiene su propia línea argumental. Europa ha puesto más dinero que EEUU en esta guerra, según se sostiene, y aun así no pinta nada en la mesa. Si no está, es otra muestra de la inutilidad de la unión. El diagnóstico se extiende a la OTAN y al Reino Unido, que aparece en la reunión de París pese al Brexit, lo que genera desconcierto incluso entre los más escépticos.
El contraste con el discurso oficial es brutal. Los mismos que hace tres años coreaban el «no a la guerra» y respondían a cada atentado con música de piano aparecen ahora como belicistas contrarios a negociar. Se compra la idea de rearmarse contra una amenaza que, según esta lectura, solo ellos ven, mientras se dilapidan miles de millones y la economía europea se hunde.
¿Qué se decide realmente en Riad?
Para una parte del análisis, Ucrania es un apartado menor de la ecuación. Lo que se negocia en Riad son asuntos mucho más relevantes para Washington y Moscú, y por eso la conversación es bilateral y sin los teleñecos europeos. En esa mesa, los mariachis reunidos en París pesan lo mismo que una asociación de estados polinesios.
La conclusión que se impone es amarga: Ucrania ha puesto la cama y no solo no cobra, sino que paga el polvo. El aviso para Europa es directo: el aliado promete hasta que te la mete; después, se acabó lo prometido. Y la pregunta que queda flotando es si alguien en Bruselas tomará nota o si, como siempre, se limitará a convocar otra cumbre.
Voces del foro
«Las tierras raras de Ucrania para EEUU, la industria del Donbas para Rusia y Europa (tú y yo) a poner tropas de paz y a pagar la reconstrucción».
«Los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben».
«El yanki promete hasta que te la mete. Una vez te la ha metido se acabó lo prometido».