Benidorm proyecta un residencial de 230 metros y 64 plantas
En un foro se debate un proyecto de rascacielos residencial en Benidorm de 230 metros y 64 plantas. Según un usuario, igualaría en altura a la Torre Emperador de Madrid y sería el edificio con más plantas de la Unión Europea. La cifra no es menor: 230 metros es la misma cota que alcanza la torre madrileña de oficinas, y las 64 plantas superarían el registro de cualquier edificio residencial comunitario, según ese mismo mensaje. El anuncio ha reabierto el viejo pleito sobre el modelo urbanístico de la ciudad alicantina, esa verticalidad que unos defienden como eficiencia y otros como una anomalía.
La primera reacción del vecindario digital fue calcular precios. En la primera planta, un piso enano podría salir por unos 400.000 euros; los altos y grandes, hasta 1,5 millones. Y se venderán, apostillaba el más escéptico. La horquilla no es un dato oficial, sino la estimación que circula entre quienes siguen el mercado local, pero marca el tono del asunto: no se discute si habrá compradores, sino a qué precio y para qué.
Qué es la TM Tower y dónde se ubicaría
El edificio se levantaría en la playa de Poniente, la zona menos saturada del litoral benidormense. Ahí, según quienes conocen la ciudad, hay sitio de sobra incluso en lo peor de agosto, y en otras épocas se puede estar casi solo. Esa es la baza que esgrimen los defensores del proyecto: no se trata de apretar más el centro, sino de extender la verticalidad hacia un flanco con margen.
Con 64 plantas, el inmueble se colocaría como el quinto rascacielos más alto de España y el residencial más alto de la UE, según los mensajes del foro. La referencia a la Torre Emperador no es casual: los 230 metros son la vara de medir que se ha usado para dimensionar el proyecto. En una ciudad donde ya existen torres hoteleras y de apartamentos, la novedad no es la altura en sí, sino su uso residencial y su escala comunitaria.
El modelo Benidorm: eficiencia urbanística o aberración
La defensa del modelo se apoya en un argumento sencillo: concentrar la edificación libera suelo. Al crecer en vertical, Benidorm conserva un entorno natural a las puertas de la ciudad y evita la dispersión de urbanizaciones que devora acantilados y sierras. Hay quien sostiene que la arquitectura benidormense, sencilla y algo anticuada, es más elegante y mejor ordenada que la de la mayoría de barrios españoles. Y que el resultado es una máquina de hacer dinero con buenos servicios y precios competitivos.
La crítica llega desde el otro flanco. Se argumenta que un destino de playa sin playa disfrutable es un sinsentido, y que las playas de Benidorm no dan para tantos miles de personas. Es cuestión de números. Frente a eso, la réplica es que todo el mundo no va a la playa a la misma hora: si así fuera, la Malvarrosa o la Barceloneta estarían a rebosar y siempre hay hueco.
El agua, el calor y la salinidad: las dudas técnicas
En un foro de economía, la pregunta incómoda no tarda en aparecer: ¿y el agua? La costa alicantina vive de un equilibrio hídrico frágil y cualquier crecimiento residencial lo tensiona. A eso se suma el efecto de la salinidad sobre las estructuras, un asunto que los defensores despachan con ironía: la corrosión no estropea nada, decían, porque lo ha dicho el alcalde. La broma resume la desconfianza hacia el relato oficial.
El escepticismo no es solo medioambiental. También es de calendario. España es rey en proyectos que no fructifican y enemiga acérrima de los rascacielos, con demasiados intereses viviendo de dar por saco. Hasta que no se ponga la primera piedra, el proyecto es una promesa. Y las promesas, en este país, tienen fecha de caducidad.
Miami, Miami, Miami: la comparación que no cuadra
Cada vez que Benidorm anuncia una torre, alguien saca a relucir la etiqueta de Miami de Europa. La comparación se cae por su propio peso: Miami es una ciudad global en finanzas, comercio, medios y entretenimiento, sede de bancos internacionales y del puerto de cruceros con mayor volumen del mundo. Benidorm tiene rascacielos, fiesta y playa, pero no un puerto deportivo a la altura ni la infraestructura financiera que sostiene el símil.
Aun así, hay quien reivindica la singularidad. España, en el fondo, solo tiene tres ciudades: Madrid, Barcelona y Benidorm, sostenía un mensaje. El alcalde que fue en moto a ver a Franco, se añadía, fue una de las personalidades económicas más importantes de la historia reciente, porque España llegó a tiempo a la industria turística. Nunca tuvo el reconocimiento que se merece.
Precios, altura y el sinsentido de pagar por vistas
La discusión derivó hacia una paradoja inmobiliaria: se pagan millonadas por estar anormalmente más alto, cuando lo lógico sería pagar más por los pisos accesibles. Que se lo pregunten a los pisos de ascensor en zonas castigadas por inundaciones, apagones o incendios. Qué pisos se comprarían ahora. La altura como valor de mercado choca con la altura como riesgo.
En el rango de precios que se maneja, desde 400.000 euros en la primera planta hasta 1,5 millones en las altas, el comprador no paga por vivir, paga por mirar. Y mientras unos celebran que se construya y se cree riqueza, otros recuerdan que la costa española está llena de escombros de pisos que han colapsado. La discusión, como casi siempre, no va de arquitectura.
¿Cuánto tardará en aparecer el primer cartel de se vende sobre plano, y a qué precio?