Bici eléctrica para el trabajo: de 400 a 4.000 euros
Ocho kilómetros hasta el trabajo con rampas y otros tres diarios con una pendiente «muy pronunciada». Ese es el recorrido que empuja a buscar una bici eléctrica. El objetivo no es hacer deporte: es no llegar «bañado en sudor» y aprovechar las placas solares ya instaladas para cargar la batería. La pregunta de partida, si merece la pena, esconde una respuesta incómoda: depende de cuánto se esté dispuesto a pagar, porque la horquilla va de 400 a 4.000 euros.
Lo primero que salta a la vista es que el precio no lo marca el motor. Lo marca el capricho, el terreno y las ganas de complicarse la vida con un kit. Y lo segundo, menos evidente: hay quien sostiene que para muchos trayectos cortos la opción más barata no es la bici de fábrica.
¿Cuánto cuesta una bici eléctrica?
El abanico de precios que aparece en la comparativa es amplio. Una Scott e-ride comprada como
autorregalo al terminar de pagar la hipoteca salió por
2.400 euros. Una mountain bike probada en un puerto italiano subió a
4.000. En el extremo opuesto, una plegable urbana de Decathlon de segunda mano se quedó en
400 euros, con unos 4.000 kilómetros ya rodados y una batería sustituida por 125 euros por el camino. La horquilla multiplica por diez según lo que cada uno se compre.
El cálculo de amortización se apoya en algo tan simple como los kilómetros. Quien hace 24 kilómetros diarios entre llevar al niño al colegio e ir al trabajo sostiene que
cada diez kilómetros equivalen a un euro ahorrado, y le suma la ventaja de no dar vueltas para aparcar. Cargando en la oficina, el gasto energético se desploma. El matiz importante: hablamos de trayectos cortos. Para recorridos largos o terrenos duros, esa misma bici deja de valer.
El límite legal: 250 W, 25 km/h y pegatinas de dos euros
La norma europea fija la frontera con claridad. Asistencia que se corta a
25 km/h, motor de
250 W como máximo y obligación de pedalear para que empuje. Por encima de eso, el vehículo arrastra casco, seguro, permiso de circulación e ITV. La fiscalización real, sin embargo, es otra cosa: «¿Exactamente cuánto es lo que yo puedo pedalear para superar esa limitación? Pues depende de mi estado de forma», resume con sorna el argumento escéptico.
De ahí que circule el truco de las pegatinas. Por
2,92 euros se compran adhesivos Bafang de 250 W para pegar sobre motores que declaran bastante más, porque por fuera todos parecen iguales. La recomendación que se repite es ocultar la referencia y confiar en que nadie vaya a medir nada. Es una apuesta, no una garantía, y conviene saberlo antes de pagar.
Kit Bafang o bici de fábrica: el dilema del manitas
Convertir una bicicleta que ya se tiene aparece como la vía más repetida para contener el gasto. Hay quien lleva desde 2016 con dos kits Bafang montados —BBS02 de 500 W y BBS02B de 750 W, con baterías de 13 y 15 Ah a 48 V— funcionando «como la seda». El cálculo que se hace es directo: por
1.000 euros se consigue una bici «potente al nivel de una de 2.000». El ancho del pedalier, con 100-120 mm habituales, es el primer obstáculo técnico que hay que mirar.
No todo el mundo debería meterse en ese jardín. La advertencia más repetida es simple: si no eres mañoso, compra algo ya hecho y ahórrate
inventos. Y hay un cálculo que rebaja el entusiasmo, según un canal especializado en e-bikes que se cita en el hilo: un motor duraría entre
10.000 y 15.000 kilómetros y sustituirlo por uno nuevo costaría alrededor de
1.000 euros. Súmese batería y repuestos y la rentabilidad se estrecha.
Peso, robo y escaleras: lo que nadie mira antes de comprar
El peso es el enemigo silencioso. Quien viene de la bici de trial lo nota de inmediato: pasar de
8 kilos a 21 o 22 cambia por completo la relación con la máquina. Si hay que subirla a un piso o cargarla al hombro para entrar en un edificio, el problema deja de ser teórico. Para quien no tenga que hacerlo, el inconveniente se diluye y la bici gana enteros.
El otro frente abierto es el robo. Dejar en la calle durante horas una bici de
2.000 euros, por muchos candados que se pongan, es un riesgo que buena parte de los compradores no asume. De ahí que las plegables y el guardado en casa o en la oficina ganen peso en la decisión. Y una bici eléctrica se puede usar sin asistencia cuando apetece pedalear, así que quien quiera ejercitarse tampoco renuncia a nada.
¿Cuándo se amortiza una bici eléctrica?
Aquí el análisis se parte. En un lado queda quien compara con el coche y saca cuentas favorables: el coste de cargar la batería es «casi nulo», el mantenimiento es bajo y desaparecen trayectos que antes se hacían en vehículo. En el otro, quien recuerda que incluso una scooter de 125 llena el depósito por
12 euros y no exige pedalear, o que un ciclomotor gasta la mitad que un coche sin los quebraderos de la batería.
Entre medias queda la alternativa que más incomoda: la bici muscular. Hay quien defiende que para ahorrar energía basta un perfil de rueda fino, y quien recuerda que un abuelo hacía 30 kilómetros diarios en bici y murió con 89 años.
Con estos
mimbres, la pregunta sigue en el aire. ¿Merece la pena comprar una bici eléctrica para ocho kilómetros con rampas y no llegar sudando al trabajo? Los números dan respuestas distintas según lo que cada uno tenga ya en el garaje.