Del bloque de 5 KB al 51%: la vida de Bitcoin Cash
Un bloque de cinco kilobytes. Cabía en una foto de móvil y fue el registro que dejó **Bitcoin Cash** en una de esas jornadas que sus defensores vendían como «movimiento tremendo». La red se había separado de Bitcoin en agosto de 2017 con una promesa concreta —bloques de ocho megas, comisiones de céntimos, uso diario para pagar un café— y con la convicción, repetida hasta la saciedad, de que ella era el bitcoin auténtico y la otra cadena una reserva de valor inservible para comprar nada.
Ocho años después, el balance es otro. Dos grupos mineros que sumaban más de la mitad del poder de cómputo reorganizaron la cadena para deshacer transacciones ya confirmadas. Un plan para financiar su desarrollo con el
12,5% de la recompensa minera se anunció y se retiró ante el temor a una nueva escisión. Y el tamaño de bloque que justificaba el proyecto entero acabó siendo una fracción mínima del que produce Bitcoin.
Por qué Bitcoin Cash se presentó como el bitcoin auténtico
El argumento de partida era textual: el whitepaper se titula «P2P electronic CASH» y hasta 2017 la manera de resolver los límites de la red había sido agrandar el bloque. Con esa premisa, el proyecto arrancó con
bloques de ocho megas y la promesa de comisiones de céntimos. La réplica llegó por el lado del mercado: más barato no significa mejor. Hubo semanas en que Bitcoin cobró comisiones más bajas que su propia escisión, con los datos de seguimiento del sector como árbitro incómodo. Hay quien lo resume con una comparación doméstica: un utilitario barato no es mejor coche que un deportivo por costar menos.
En el otro platillo de la balanza, la red consiguió algo que su rival no tenía: movimiento. Aparecieron nombres conocidos del mundo digital mostrando interés por ella, y sus defensores lo leyeron como señal de que el uso real llegaría antes o después. La euforia duró lo que tardó en llegar la siguiente pelea interna.
El 51%: dos pools reescribieron la cadena
Tras una actualización planificada de la red, un minero no identificado intentó aprovechar un fallo para reclamar monedas que se consideraban no gastables. Entonces ocurrió lo que ninguna promesa de inmutabilidad contemplaba:
BTC.COM y BTC.TOP, que juntos controlaban más de la mitad del poder de cómputo, se coordinaron para reorganizar los bloques recientes y revertir las transacciones. Los fondos volvieron a su sitio. La confianza, no.
El episodio deja un problema de manual. Si dos pools pueden decidir qué transacciones existieron y cuáles no, la descentralización se sostiene sobre una foto fija, no sobre un mecanismo. El cálculo más optimista sostiene que fue una intervención de emergencia puntual; el pesimista responde que una red que se arregla con un acuerdo entre operadores no es distinta de un sistema con administrador. La comunidad reaccionó con enfado, y con razón: el episodio destruye la noción de red sin dueño que llevaba años vendiendo.
El fondo de desarrollo del 12,5% que se retiró
La siguiente crisis no vino de fuera. Una coalición de pools —ViaBTC, BTC.com, Bitcoin.com, Antpool y BTC.Top— planteó destinar el
12,5% de la recompensa de coinbase a una fundación que pagara el desarrollo del software. No era una donación voluntaria: los bloques que no se sumaran quedarían huérfanos. La etiqueta de mafia circuló rápido y el plan se presentó como un impuesto al minero que no aceptaba el reparto.
Minas y nodos protestaron a la vez. La propuesta se retiró en cuanto quedó claro que aplicarla podía partir la cadena en dos, y con ella el mercado. El desglose de cómo se calculaba ese porcentaje, a quién beneficiaba y por qué se eligió una amenaza tan explícita es una de las partes más reveladoras del asunto. Queda la pregunta de fondo: si el dinero para programar la moneda sale de los mineros, ¿quién gobierna la red?
Los bloques grandes que nunca fueron grandes
Los números del 12 de febrero desmontan el relato fundacional. El tamaño medio de bloque era de
1,3 MB en Bitcoin, 0,04 MB en Bitcoin Cash y 0,01 MB en Bitcoin SV. Es un factor de 28 y de 87. La cadena de bloques grandes rara vez necesita el espacio que exigía tener disponible.
El 15 de noviembre estaba prevista una nueva bifurcación que dividía el proyecto en Bitcoin ABC y Bitcoin SV, la implementación presentada por nChain como restauración del protocolo original. El desacuerdo sobre subir aún más el tamaño de bloque separó a quienes hasta entonces compartían enemigo. De un lado quedó la vía más pragmática; del otro, la versión maximalista del bloque gigante. Ninguna de las dos se quedó con el mercado.
Craig Wright y los documentos judiciales de Florida
La figura que se autoproclama creador de Bitcoin sufrió un golpe en los tribunales. Según los documentos judiciales de Florida que se difundieron, habría incurrido en fraude, siempre a la espera de lo que dictamine el procedimiento. Su implementación de nodo completo para Bitcoin SV nació con el objetivo declarado de devolver el protocolo a su forma original, y con el poder en manos de los mineros. Jihan Wu se mostró en contra de ese aumento de bloque. Los defensores del rival no tardaron en señalar la contradicción: una cadena que se dice inmutable discutiendo a golpe de nodo quién manda en ella.
El dinero electrónico que exigía bloques de ocho megas para funcionar como dinero de uso diario lleva produciendo bloques de cinco kilobytes. En el mismo periodo, la cadena a la que llamaba inservible llena bloques de más de un megabyte. Nadie ha explicado todavía en qué momento eso dejó de importar.