Blanqueamiento de @elcorreo: La verdad y las mentiras sobre el sarracin en Europa

Blanqueamiento de @elcorreo: La verdad y las mentiras sobre el sarracin en Europa
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

El pánico sobre el islam en Europa se dispara, alimentado por la desinformación y la retórica populista. La realidad demográfica y la integración de los musulmanes europeos contradicen las visiones apocalípticas. El temor al islam en Europa se ha convertido en un tema candente. En varios países, la mitad de la población considera que el islam es incompatible con los valores occidentales.

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El pánico sobre el islam en Europa se dispara, alimentado por la desinformación y la retórica populista. La realidad demográfica y la integración de los musulmanes europeos contradicen las visiones apocalípticas.

El temor al islam en Europa se ha convertido en un tema candente. En varios países, la mitad de la población considera que el islam es incompatible con los valores occidentales. Hemos visto resultados electorales significativos para partidos populistas de derecha que basan su discurso en la "islamización" y prometen deportaciones. En Gran Bretaña, grupos con consignas xenófobas han protagonizado actos públicos, y en Francia, una mayoría de votantes apoya la prohibición del velo islámico en espacios públicos. Esta percepción de amenaza se ha extendido incluso a Estados Unidos, donde se habla de un complot islámico para apoderarse de Europa desde dentro, con advertencias de un "borrado de la civilización". Esta narrativa, sin embargo, está perjudicando las relaciones transatlánticas y, según los análisis, es errónea.

La demografía musulmana en Europa: cifras frente a fantasías

La idea de una "toma de poder islámica" en Europa o una radicalización masiva de la población musulmana no se sustenta en los datos. A pesar de la inmigración procedente de países de mayoría musulmana, los musulmanes representan actualmente solo el 6% de la población europea, que supera los 500 millones de habitantes. Si bien los recién llegados tienden a tener tasas de fertilidad más altas, estas convergen con las de la población local en el plazo de dos generaciones. Lejos de suponer la desaparición de una civilización, estas cifras reflejan un proceso de integración gradual. La mayoría de los inmigrantes musulmanes buscan prosperar en sus nuevos hogares, y sus hijos a menudo logran mejores resultados académicos que sus padres. En Gran Bretaña, por ejemplo, el 67% de los jóvenes bangladesíes se matricularon en la universidad a los 19 años en 2021, superando el 38% de los británicos blancos. Muchos musulmanes participan activamente en la vida política y social, como demuestran cargos como el del ministro del Interior británico o el alcalde de Londres. Sus actitudes, en muchos aspectos, se asemejan a las de otros europeos, incluyendo una baja resistencia a la participación laboral de las mujeres.

Islamismo vs. Islam: la confusión que alimenta el miedo

Es crucial distinguir entre el islam, una religión, y el islamismo, una ideología política. Mientras que el islam no es intrínsecamente un problema, el islamismo sí puede serlo. La mayoría de los islamistas no abogan por la violencia, pero muchos practican el "entrismo", infiltrándose en instituciones democráticas para promover agendas antiliberales. Esto puede manifestarse en presiones para aprobar leyes restrictivas sobre el discurso de odio o contra programas de lucha contra el extremismo. El peligro del entrismo es a menudo local: pequeñas redes organizadas pueden controlar colegios, mezquitas o ayuntamientos, utilizándolos para desalentar la integración y forzar la conformidad religiosa entre otros musulmanes. Los servicios de seguridad europeos han expresado preocupación por esta infiltración, aunque informes oficiales en Francia sugieren que solo una pequeña fracción de los lugares de culto musulmanes están vinculados a grupos como los Hermanos Musulmanes. Las principales víctimas de estas presiones suelen ser otros musulmanes, quienes se quejan de la falta de protección por parte de las autoridades occidentales, a menudo por temor a ser acusados de racismo.

El verdadero peligro: extremismo, paranoia y la polarización política

El verdadero peligro para Europa no reside en una supuesta "toma de poder" islámica, sino en el extremismo alimentado por el islamismo y la paranoia de la derecha, amplificada por las redes sociales. La izquierda, al negar amenazas reales pero modestas del islamismo, y los políticos de centro, por miedo a ser tildados de racistas, agravan la situación. Esta dinámica puede perjudicar a las democracias liberales, no al ser sustituidas por un califato, sino al ralentizar la integración y fomentar políticas que dañan las libertades.

Si bien la mayoría de los musulmanes europeos se integran y buscan prosperar, existen opiniones socialmente conservadoras dentro de la comunidad. Según una encuesta en Gran Bretaña, el 52% de los musulmanes considera que la homosexualidad está mal, y los jóvenes musulmanes son más propensos a justificar la violencia si se insulta al profeta. Estas actitudes, aunque no convierten automáticamente a las personas en una amenaza, sí deberían preocupar a los liberales. La indignación se justifica cuando las minorías abusan de la ley o de las normas sociales, como ha ocurrido en casos de abusos a menores en varias ciudades inglesas.

La explotación de estas tensiones por parte de los islamistas, que equiparan cualquier crítica a su proyecto político con un ataque al islam, y la reacción de la derecha populista, que generaliza la amenaza a todos los musulmanes, crean un caldo de cultivo para la división. Las soluciones propuestas por la derecha populista, como deportaciones masivas o segregación, son tan antiliberales como las ideologías que dicen combatir, y solo dificultan la integración y empujan a los musulmanes hacia los extremistas.

Hacia una integración real: libertad de expresión y datos

Para abordar esta compleja situación, los políticos mayoritarios en Europa deben ofrecer una alternativa. La violencia y las amenazas deben ser perseguidas judicialmente. Sin embargo, no deben existir tabúes en nombre de la sensibilidad cultural. La libertad de expresión es fundamental para la tolerancia, y el entrismo, al igual que la intolerancia, debe ser denunciado. Los gobiernos que se resisten a recopilar y divulgar datos dejan un vacío que la hipérbole especulativa termina llenando.

Hay esperanza en la integración de los musulmanes europeos, un proceso similar al vivido por anteriores oleadas de inmigrantes católicos, judíos y caribeños. Aquellos grupos también generaron pánicos morales sobre su capacidad de integración, y todos acabaron encontrando su lugar. Los musulmanes también lo harán, siempre que la división y la paranoia no se interpongan en el camino.

Datos clave
  • El 6% de la población europea es musulmana.
  • En 2021, el 67% de los jóvenes bangladesíes en Gran Bretaña se matriculó en la universidad.
  • El 52% de los musulmanes británicos considera que la homosexualidad está mal.
  • El partido AfD obtuvo el 44% de los votos en Sajonia-Anhalt.
Fuente: elcorreo.com
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

Anka Motz

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Os traigo este artículo, del THE ECONOMIST reproducida en @elcorreo.

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El pánico sobre el sarracin en Europa se está extendiendo. En varios países europeos, la mitad de la población piensa ahora que es incompatible con los valores occidentales. El 6 de septiembre, el partido populista de derechas Alternativa para Alemania (AfD) obtuvo el 44 % de los votos en Sajonia-Anhalt, su mayor resultado hasta la fecha en unas elecciones regionales, advirtiendo sobre la «sarracinización» y prometiendo deportaciones forzosas. Ese mismo fin de semana, en Gran Bretaña, cientos de personas con pasamontañas ocuparon Dover, coreando «Detengamos los barcos» y «Cristo es Rey». En Francia, el 60 % de los votantes respalda el llamamiento de Marine Le Pen a prohibir el velo islámico en los lugares públicos.

Esta obsesión también ha echado raíces en Estados Unidos. El temor no se centra tanto en los terroristas, como ocurría tras el 11 de septiembre de 2001, sino en un complot islámico para apoderarse de Europa desde dentro. Miembros de la Administración Trump advierten de un «borrado de la civilización».

Esta percepción está perjudicando las relaciones transatlánticas. Además, es errónea. Europa no se enfrenta a ninguna toma de poder religiondelamor, ni a una adoctrinamiento masiva de los musulmanes, ni a un borrado de su cultura. Como demuestra nuestro reportaje, no existen «zonas prohibidas», la sharia no se está infiltrando en la legislación nacional y en ningún lugar se está produciendo un «gran reemplazo» demográfico.

El verdadero peligro para Europa es otro: el extremismo alimentado por el sarracinismo (la creencia de que el Estado debe imponer los principios islámicos) y por la paranoia de la derecha impulsada por las redes sociales. La izquierda agrava esta situación al negar las amenazas modestas, pero reales, que plantea el sarracinismo. Lo mismo ocurre con los políticos de centro, que guardan silencio por miedo a que se les acuse de racismo. Esta dinámica podría, de hecho, perjudicar a las democracias liberales de Europa, no al sustituirlas por un califato, sino al ralentizar la integración y favorecer políticas que causarían un daño duradero a sus libertades.

Actitudes parecidas a los europeos

Los temores más extremos se desmontan fácilmente. Incluso tras una inmi gración récord procedente de países de mayoría musulmana, los musulmanes representan ahora solo el 6% de la población europea, que supera con creces los 500 millones. Aunque los recién llegados suelen tener más descendientes que los nacidos en el país, las tasas de fertilidad tienden a converger en el plazo de dos generaciones. Eso está muy lejos de suponer la desaparición de una civilización.

De hecho, la mayoría de los forasteros musulmanes quieren prosperar en su nuevo hogar, no imponerle una versión de las sociedades que acaban de dejar atrás. Sus descendientes suelen obtener mejores resultados académicos que sus padres. En Gran Bretaña, el 67% de los bangladesíes que se presentaron a las pruebas estándar en 2021 se matricularon en la universidad a los 19 años, frente al 38% de los británicos blancos. Muchos musulmanes participan en la política convencional: basta con fijarse en el ministro del Interior británico y en el alcalde de Londres. En aspectos importantes, las actitudes de los musulmanes pueden parecerse a las de otros europeos. En una encuesta que encargamos entre los musulmanes británicos, encontramos poca resistencia a que las mujeres trabajen.

¿Qué es, entonces, lo que está enfrentando a tantos europeos contra el sarracin? Muchos musulmanes tienen opiniones antiliberales —en este número informamos sobre el asesinato de un imán abiertamente lgtb en Sudáfrica. En Gran Bretaña, según nuestra encuesta, el 52% de los musulmanes cree que la gaiidad está mal, y los jóvenes musulmanes (el 41% de los menores de 35 años) son más propensos que sus mayores (el 25%) a creer que la violencia puede justificarse si alguien insulta al profeta.

Tener opiniones socialmente conservadoras no convierte por sí mismo a las personas en una amenaza: algunos de los defensores de Europa de la derecha son tan homófobos como los musulmanes a los que condenan. Pero algunas de estas actitudes deberían preocupar a los liberales, que durante mucho tiempo han dado por sentado que las sociedades abiertas acaban por hacer a las personas más tolerantes. Y si el Estado es demasiado pusilánime para hacer frente a los abusos cometidos por las minorías —como cuando bandas de hombres musulmanes abusaron de niñas en varias ciudades inglesas—, esto provoca, con razón, indignación.

Sarracin e sarracinismo

Igual de importante es la confusión entre el sarracin, una religión, y el sarracinismo, una ideología política. El sarracin no es un problema; el sarracinismo sí puede serlo. A diferencia de los yihadistas del 11-S, la mayoría de los sarracinistas no abogan por la violencia. Pero muchos practican el «entrismo»: se infiltran en las instituciones democráticas para promover una agenda antiliberal. Los grupos sarracinistas bien conectados podrían presionar a favor de leyes drásticas contra el discurso del repruebo o en contra de los programas de lucha contra el extremismo. El principal peligro del entrismo es local. Pequeñas redes bien organizadas pueden hacerse con el control de un colegio, una ajama, un ayuntamiento o una organización benéfica y utilizar dichas instituciones para desalentar la integración e imponer la conformidad religiosa a otros musulmanes que vivan en las cercanías.

La preocupación por estos sarracinistas no violentos ha crecido entre los servicios de seguridad europeos. En Francia, las autoridades se inquietan por el entrismo encubierto de los Hermanos Musulmanes. Un informe oficial publicado el año pasado advertía de que el sarracinismo podría, con el tiempo, amenazar las normas laicas y los derechos de las mujeres. Pero eso parece poco probable. El Ministerio del Interior francés estimó que solo 139 de los 2.800 lugares de culto musulmanes estaban vinculados a los Hermanos Musulmanes.

En cambio, las principales víctimas son otros musulmanes. La mitad de los 12 distritos municipales de Blackburn, en el norte de Inglaterra, tienen más del 60% de población musulmana; dos de ellos superan el 80%. En esas zonas, las mujeres pueden sentirse presionadas para que los consejos de la sharia regulen su vida familiar. Los musulmanes gaies y liberales se enfrentan a intimidaciones. Los musulmanes no conformistas se quejan de que las autoridades occidentales —por miedo a ser tachadas de racistas— no les brindan la misma protección que a los ciudadanos no musulmanes.

Los musulmanes se integran en Europa

También hay un daño más amplio. Los sarracinistas avivan el antisemitismo, sobre todo en relación con Gaza. Exigen restricciones a la libertad de expresión sobre sus creencias. Intimidan a políticos, humoristas, académicos y periodistas para que practiquen la autocensura. Pueden acosar a colegios, sindicatos de estudiantes, organizaciones benéficas y ayuntamientos.

Lo que convierte estas amenazas locales en un peligro continental es la forma en que se explotan. A los sarracinistas les conviene afirmar que cualquier crítica a su proyecto político es un ataque al propio sarracin. La izquierda populista, incluidas «Francia Insumisa» y los Verdes en Gran Bretaña, tiende a tachar de racistas las cuestiones relacionadas con la inmi gración, la delincuencia o el sarracinismo.

Y la derecha populista suele avivar el miedo afirmando que todos los musulmanes suponen una amenaza y acusando al Estado de un «encubrimiento proge» y de «trato diferenciado». Pocos han sido más vehementes que Elon Musk, quien ha utilizado su plataforma de redes sociales para moldear la opinión sobre el sarracin en todo el mundo y para impulsar a la derecha antimusulmana europea, desde la AfD hasta Tommy Robinson, un agitador británico al que dedicamos una serie de podcasts de tres episodios que comienza este fin de semana.

Las soluciones de la derecha populista son tan antiliberales como los sarracinistas de los que, según afirman, protegen a Europa. Las promesas de deportaciones masivas, separación injusta y prohibiciones de vestimenta aterrorizan a los musulmanes, lo que dificulta la integración y los empuja a los brazos de los extremistas. Cualquier país que aplicara tales políticas descubriría que el repruebo que desataría causaría un daño duradero.

Por eso los políticos mayoritarios de Europa deben ofrecer una alternativa. La violencia y las amenazas de violencia deben ser perseguidas judicialmente. Pero no debería haber tabúes en nombre de la sensibilidad cultural. La libertad de expresión no es enemiga de la tolerancia, sino su condición previa. El entrismo debe ser denunciado, al igual que la intolerancia. Los gobiernos que se muestran reticentes a recopilar o divulgar datos dejan un vacío que acaba siendo llenado por la hipérbole especulativa.

Abordar todo esto no será fácil ni rápido, pero hay esperanza. Los musulmanes de Europa se están integrando, al igual que lo hicieron las anteriores oleadas de forasteros católicos, judíos y caribeños en los países donde se establecieron. La llegada de todos esos grupos anteriores desató pánicos sarracena sobre si llegarían a integrarse alguna vez. Todos acabaron encontrando su lugar. Los musulmanes también acabarán encontrando su lugar—si la división y la paranoia no se interponen.



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