Rusia ha perdido contra Ucrania: el ajuste de cuentas geopolítico
Rusia ha perdido la guerra. Dicho así, sin matices, suena a exageración, pero los datos sobre el terreno apuntan a un desgaste que ningún relato oficial puede maquillar: años de operación para conquistar un puñado de ciudades arrasadas y un frente que apenas se mueve. La propaganda rusa, por mucho que intente sostener su versión con vídeos en YouTube, ya no vende la victoria como un destino inminente.
En el otro tablero, Estados Unidos tampoco sale en mejor posición. Frente a Irán, la derrota no es militar, sino financiera: la bolsa de valores y la deuda pública dibujan una senda de vértigo. Hay quien sostiene que Washington es solo el brazo ejecutor de intereses que no le pertenecen, y que el verdadero beneficiario de la guerra es siempre el mismo: el complejo financiero que la financia.
Mientras las dos potencias se enredan en sus contradicciones, Europa observa con la cartera en la mano. La factura de ambas guerras acaba en los presupuestos europeos, ya sea en energía, en defensa o en reconstrucción. La ironía es que los que menos decidieron el conflicto son los que más pagan.
Si las tendencias actuales no se revierten, lo previsible es que Rusia siga sin poder proclamar una victoria real, y que EE UU descubra que las sanciones y el gasto militar también queman al que los impone. Pero las guerras tienen una capacidad infinita para sorprender. El único resultado seguro, de momento, es que la factura la pagamos otros.