Bluesky suma fugas de X y, según un cálculo que circula, pierde la mitad de sus usuarios
La gran mudanza hacia Bluesky se ha quedado a mitad de camino. Lo que se presentó como un éxodo masivo hacia otra red ha dejado un reguero de cuentas nuevas y un dato incómodo: según un cálculo que circula en el hilo, la plataforma tocó techo de usuarios a mediados de noviembre y desde entonces ha caído un
50 %, mientras X, siempre según ese cálculo, sigue sumando. Detrás del titular hay dos peleas muy distintas: una por el negocio de la atención y otra por el control del relato. La primera se mide con números. La segunda se grita.
Fesser, Rubén Sánchez y el goteo de anuncios de mudanza
El desfile de despedidas lo abrieron nombres conocidos. El más citado es
Guillermo Fesser, que anunció que dejaba de publicar en la plataforma porque, a su juicio, Elon Musk la había convertido en un lugar donde ya no tiene sentido difundir su trabajo, y enlazó su nueva cuenta.
Rubén Sánchez lo planteó como un experimento: lanzar el mismo mensaje en X y en Bluesky y comparar después las interacciones de cada uno.
A ese perfil se añaden motivos más ideológicos. Una de las personas que anuncia su salida justificó la marcha por no querer seguir participando, según escribió, en una red que considera hostil hacia las personas trans. Y sobrevolando todo, la parodia: un mensaje ridiculizó la estampida con el argumento de que quien se va ya tiene al
95 % de los medios y al
95 % de los académicos repitiendo la misma cantinela, y solo le faltaba encontrarla también en las redes sociales. Lo llamativo es que la ironía funcionó mejor que cualquier dato.
¿Cuántos usuarios habría perdido Bluesky desde su pico?
El dato que desinfla la operación es de calendario. Según un cálculo que circula en el hilo, Bluesky alcanzó su
tope de usuarios a mediados de noviembre, en plena oleada de anuncios de mudanza, y desde entonces habría bajado un
50 %, mientras X seguiría comportándose, en palabras de ese mismo cálculo, como un cohete.
Hay quien apunta a algo más simple y más incómodo: los que se fueron volverán a mirar y no encontrarán a nadie con quien discutir. Es la tesis más repetida sobre el futuro de la plataforma, y explica por qué medio foro la da por amortizada antes de que cumpla un año de moda.
El fundador de Bluesky habría dejado el proyecto por la moderación
Hay un detalle que suele olvidarse en la fiesta de la migración: según sostiene un participante, el fundador de Bluesky,
Jack Dorsey, abandonó el proyecto y cerró su cuenta por estar en contra de su creciente monitorización y control de contenidos. El apunte no es menor, porque sitúa el problema donde duele: quién decide qué se publica y qué se borra.
En la nueva red, la llegada masiva de cuentas parece haber tensionado ese sistema. Se menciona un
aumento sin precedentes de reportes entre usuarios, que se denuncian unos a otros, hasta el punto de que algunos hablan abiertamente de censura interna. La paradoja se escribe sola: una plataforma a la que muchos llegaron huyendo de la moderación ajena y en la que la primera tarea colectiva ha sido moderarse entre ellos.
El diagnóstico del discurso único
La explicación más repetida sostiene que la marcha no responde a ninguna censura ejercida sobre los que se van, sino a la ausencia de censura sobre los demás. Dicho de otro modo: se irían porque en X ya no se silencia a quien discrepa. Enfrente aparece una tesis de fondo: lo que falla no es la red social, sino un paradigma que da por hecho que la propia ideología no puede equivocarse y que atribuye cualquier derrota cultural a un bulo o a un algoritmo.
Un tercer grupo se limita a mirar el reloj. Antes fue Mastodon en lugar de Twitter; ahora toca Bluesky. Son redes de nicho, con público de un solo color, y el interés decae cuando desaparece el adversario. La competencia, en cualquier caso, no molesta a nadie: cuanto más repartida esté la audiencia, menos poder acumula cada plataforma.
La fragmentación como escenario de fondo
La hipótesis que gana peso es la de unas redes fragmentadas por afinidad, con cada público encerrado en su corralito digital y muy pocos puntos de contacto. Para X, la salida de una parte de su censo puede ser un alivio de moderación; para el conjunto del ecosistema, es otra cosa. También hay quien recuerda que el precedente no es nuevo: los trasvases de usuarios entre plataformas llevan años sucediéndose y casi ninguno ha terminado de consolidarse.
Si la tendencia se mantiene, lo más probable es que Bluesky se estabilice como red de nicho y que X conserve el grueso del tráfico, con un goteo constante de cuentas que entran y salen según el enfado de la semana. Conviene no apostar demasiado: en esto de las redes sociales, el cementerio está lleno de profetas que dieron por muerta a la anterior.