Vox rechaza la reducción de jornada y avisa del cierre de pymes
¿Cuántas pymes pueden pagar la factura de una reducción de jornada sin recortar salarios? La portavoz de Vox en el Congreso, Pepa Millán, tiene clara la respuesta: muchas menos de las que asume Sumar. El grupo de Vox votará en contra de la proposición para reducir la jornada laboral sin pérdida de sueldo, una medida que la propia Millán despachó como «del mundo ‘happy flower’ de Yolanda Díaz» y que, en su opinión, disparará el paro.
El argumentario de Vox: pymes contra las cuerdas
La oposición de Vox no se queda en el eslogan. Millán advirtió de que la reducción de jornada es una medida «artificial» que elevaría los costes laborales de las pequeñas empresas hasta el punto de «llevarlas al cierre». «Va a haber muchísimas que no van a poder hacer frente a estos costes», insistió en rueda de prensa, y rechazó que la medida se imponga sin considerar las condiciones específicas de cada negocio.
No es solo una cuestión de números grandes. El coste de una hora menos de trabajo por empleado, asumido sin compensación, pesa más en un comercio con dos trabajadores que en una multinacional. Por ahí apunta la corriente crítica: la factura la pagará el pequeño tejido empresarial, que encima soporta cotizaciones e impuestos que no dejan de subir.
La alternativa que nadie paga: bajar cotizaciones o subvencionar la medida
Frente al «happy flower» de Sumar, hay una propuesta concreta que circula con fuerza: si el Estado quiere jornadas más cortas sin pérdida de salario, que asuma el coste. Una opción sería reducir las cotizaciones empresariales y el IRPF para compensar las horas que se dejan de trabajar. Así el trabajador cobra lo mismo, la empresa paga menos por menos horas y el Estado, que es el que promete, sufra las consecuencias de su electoralismo.
La idea tiene lógica, pero choca con la realidad fiscal: un Estado que ingresa menos difícilmente va a cubrir el agujero. Por eso, el escepticismo domina en el análisis: o se bajan impuestos de verdad, o la reducción de jornada se convierte en un brindis al sol que las pymes acabarán pagando por la vía de los despidos o el cierre.
El elefante en la habitación: la jornada partida y el control horario
Mientras los partidos discuten cuántas horas deben trabajar los españoles, el problema real para muchos asalariados sigue siendo la famosa jornada partida. Horarios de 9:00 a 18:00 con tres horas muertas de descanso entre medias, o las escalas de 8:00 a 22:00 en oficinas y comercios, convierten el día en un suplicio. Contra eso, la reducción de horas es un parche si no se ataca la organización del tiempo.
Y ahí surge el otro gran escepticismo: el registro horario. La ley obliga a fichar desde hace años, pero la Inspección de Trabajo ni está ni se la espera. Como demuestra la experiencia, hay empresas que siguen echando decenas de horas extra sin pagarlas, con el libro de horas impecable. Sin control efectivo, da igual que la jornada legal se reduzca: lo que no se controla, no se cumple.
Y mientras tanto, en el debate de fondo subyace una ironía que nadie se atreve a verbalizar del todo: el país con más paro de la OCDE discute con pasión cuánto deben trabajar los que tienen empleo. Quizá por eso la propuesta de Sumar suena tan bien y sirve tan poco: las medidas ‘happy flower’ son fáciles de anunciar, difíciles de costear y casi imposibles de vigilar. Vox, que lo sabe, juega a la contra; las pymes, mientras tanto, siguen haciendo cuentas.