El giro pro-marroquí de Bono: intereses en Tánger y cambio de discurso
La reciente declaración de José Bono, en la que defiende que «intentar hacer un discurso antimarroquí es servir muy mal a Ceuta y a España», ha reabierto la guerra de narrativas sobre la relación bilateral con Marruecos. La frase, pronunciada en un momento de máxima sensibilidad migratoria, no ha caído en saco roto: son muchos los que ven en ella un giro radical respecto a sus posiciones históricas. Y no precisamente por una conversión intelectual, sino por intereses mucho más prosaicos.
El mismo Bono, dos discursos
En agosto de 2001, como presidente de Castilla-La Mancha, Bono aseguraba que Marruecos “no es un país amigo, sino una dictadura encubierta”, un reino “dominado por mafias” que enviaba a España a personas “estafadas”. Veintidós años después, en un artículo publicado en El Español el 21 de febrero de 2024, el exministro defendía que Marruecos es “el mejor vecino posible de África para España”. La contradicción es imposible de ignorar, y ha alimentado las sospechas sobre los motivos reales del cambio.
Las informaciones sobre sus propiedades en Tánger añaden más leña al fuego. Según publicaciones citadas durante la polémica, Bono posee una mansión en la ciudad marroquí y ha adquirido cuatro inmuebles anexos. No es un delito, desde luego, pero quienes critican su posición argumentan que sus negocios en el país condicionan su discurso público. La pregunta que flota es: ¿habla Bono como estadista o como propietario?
Ceuta y Perejil: la herencia del conflicto
La afirmación de Bono se produce en un contexto en el que la frontera de Ceuta se ha convertido en el punto caliente de la relación bilateral. La crisis del islote de Perejil en 2002 sigue siendo un ejemplo de la firmeza con la que España puede responder ante provocaciones. De hecho, no han faltado voces que recuerdan que la operación para desalojar a los guardias marroquíes fue una gestión adecuada, y que si el PSOE hubiera gobernado entonces, la situación habría sido distinta. Un contrafactual imposible de verificar, pero que ilustra la desconfianza con la que muchos observan las declaraciones de Bono.
La política exterior como negocio privado
La polémica deja al descubierto un problema de fondo: la dificultad de separar la actividad pública de los intereses privados en la alta política. No es que se acuse formalmente a Bono de nada, pero la coincidencia entre su defensa de Marruecos y su patrimonio en Tánger es, como mínimo, llamativa. En un momento en que la política exterior española se juega puntos clave como el Sáhara Occidental o el control migratorio, la credibilidad de quien opina sobre ello es esencial.
Con un historial que va de la denuncia a la amistad, la coherencia de Bono queda en entredicho. Si su propósito era servir a España, el efecto logrado ha sido el contrario: dar argumentos a quienes consideran que la política respecto a Marruecos no debería estar condicionada por intereses patrimoniales en Tánger. Con esas cartas sobre la mesa, la pregunta de si Ceuta y España están mejor servidas queda abierta.