Europa se rearma: la mili vuelve y las fábricas van a toda máquina
En un debate de foro, varios participantes afirman que la industria armamentística europea lleva meses funcionando a pleno rendimiento y que varios gobiernos han reactivado el debate sobre el servicio militar obligatorio. Según estas voces, el objetivo sería estar listos para un conflicto a gran escala antes de 2028. El proceso, señalan los más críticos, arrancó justo antes de la pandemia, porque montar una economía de guerra total no se hace de un día para otro.
La tesis que recorre el hilo es que la guerra de Ucrania ha servido para vaciar arsenales obsoletos y hacer hueco a la producción nueva.
Un participante cita que Alemania anunció un desembolso de 100.000 millones de euros en armamento, cifra que se presenta como señal de que el escenario bélico se toma en serio. No es una buena noticia para un futuro en paz, admiten incluso quienes defienden el rearme.
Qué países han vuelto a hablar del servicio militar obligatorio
El mapa europeo está lejos de ser homogéneo.
Según un mensaje del hilo, Alemania, Italia, Francia y Holanda han descartado la vuelta a la mili obligatoria, mientras que Suecia la limita a los más motivados y Polonia la mantiene como voluntaria. Sin embargo, se cita que Varsovia aprobó en marzo una nueva ley de defensa de la patria que eleva el gasto militar al
3% del PIB y prevé pasar de 111.500 militares profesionales a 250.000, además de engordar la fuerza territorial paramilitar de 32.000 a 50.000 efectivos.
En España el recuerdo no ayuda. Varios intervinientes describen que la mili se aplicó durante décadas con instalaciones deterioradas, armamento anticuado y una instrucción de tres meses que muchos describen como un coladero de corrupción y novatadas. Hay quien sostiene que, bien planteada, podría fomentar compañerismo y valores colectivos útiles en la vida laboral. En contra pesa la experiencia real: se mencionan suicidios de reclutas tapados y relatos que alimentaron cómics basados en historias auténticas.
La dependencia china que nadie sabe cómo romper
El punto que más incomoda a los estrategas es la contradicción de fondo.
Un participante sostiene que la industria armamentística occidental depende de componentes, chips y materias primas que proceden de China. Un embargo comercial podría causar un daño enorme. Según este análisis, Pekín controla minas en África y buena parte del procesamiento global, y puede colocar su producción en otros mercados por ferrocarril, a través de rutas que atraviesan Pakistán o Irán, o por vía marítima salvo bloqueo.
El cálculo más optimista asume que Occidente puede reordenar sus cadenas de suministro en pocos años. El escenario pesimista parte de que sin acceso a esas materias primas no hay munición ni sistemas de armas complejos. Entre ambos, una certeza incómoda: la fabricación masiva de armamento con un acceso pobre y limitado a las materias primas es, hoy, un problema sin resolver.
El agotamiento de recursos como causa de fondo
Una parte del análisis sitúa el origen del rearme en el agotamiento de los recursos naturales. Si fueran indefinidos, la fiesta no acabaría nunca. Polución, cambio climático, escasez de energía y de agua, inflación o carestía de alimentos serían manifestaciones del mismo fenómeno: la superpoblación. Un mundo con 500-700 millones de habitantes tendría, se argumenta, el nivel de vida de Suiza.
Otra corriente lo enmarca en el fin del globalismo y la vuelta a bloques. La separación del mundo en dos, tres o cuatro bloques, la autarquía y el bajo consumo vendrían impuestos por el peak oil. No es una tesis nueva: la guerra fría ya funcionó así, y algunos sostienen que se hizo tarde desde que China y la URSS tuvieron armas atómicas.
El dato que descoloca no está en los presupuestos ni en los planes de reclutamiento. Está en que
un participante recuerda que la última gran guerra europea la ganaron, según el relato oficial, los buenos. Y en que, con estos mimbres, nadie sabe quién fabrica qué con qué, ni de dónde saldrán los componentes del próximo conflicto.