El 80% de la población pulsa mal los botones del ascensor: ¿estupidez o diseño?
¿Cuántas veces ha visto las dos flechas del ascensor encendidas a la vez? Según una estimación que circula estos días, el 80% de la población no interpreta correctamente esos botones. La pregunta no es inocente: ¿estamos ante una epidemia de torpeza colectiva o ante un fallo de interfaz que convierte en torpes a personas razonables?
Por qué dos flechas no son dos llamadas
El sistema de llamada del ascensor no funciona como un pulsador de autobús. La flecha hacia arriba no significa “tráeme el ascensor”, sino “declaro mi intención de subir”. Y la flecha hacia abajo, lo mismo. La centralita agrupa las llamadas por sentido: si usted sube y pulsa la flecha abajo, el ascensor que está bajando podría parar por usted, aunque eso le obligue a hacer un recorrido invertido y a meterse en dirección contraria.
Aquí aparece el primer problema: el usuario no conoce esa distinción. Sin un display que indique la posición y el sentido del ascensor, dos botones parecen dos formas de llamar, no dos declaraciones de intención. La confusión es comprensible, pero el resultado es que todo el mundo pulsa los dos, y el sistema acaba parando en cada planta para nada.
La simulación que condena al pulsador doble
Con parámetros realistas —edificio de 8 plantas, 3 segundos entre pisos y 8 segundos de parada—, una simulación de movimientos muestra el coste exacto de la pulsación doble. Si usted quiere bajar desde el quinto piso, pulsar solo la flecha abajo permite que el ascensor que sube desde la planta baja le ignore y siga hasta el octavo, para luego recogerle en bajada. El viaje total suma 11 segundos de movimiento más las paradas. Si pulsa las dos flechas, el ascensor para en su planta para arriba, le sube hasta el octavo, y después hace una parada fantasma en el quinto al bajar. El tiempo total crece, y con varios vecinos haciendo lo mismo, el sistema colapsa en paradas inútiles. El cálculo completo, desglosado parada a parada, se puede reproducir con cualquier simulador de tráfico de ascensores; el resultado siempre es el mismo: pulsar las dos flechas es la estrategia óptima para el individuo y la fatal para la colectividad.
El FOMO del pasajero: miedo a perder el ascensor
Detrás de la pulsación compulsiva hay un componente emocional que los ingenieros no suelen incluir en sus modelos. Se llama FOMO —fear of missing out—, y en el ascensor se manifiesta así: el pasajero teme quedarse en el rellano viendo pasar una cabina llena, así que pulsa ambas flechas para maximizar sus opciones. Peor aún: cuando el ascensor llega en dirección contraria, se monta igualmente porque, como se ha señalado en análisis de conducta, “prefiere estar dentro y tardar más que esperar otro ciclo completo”. Es la misma lógica del que se sube al primer autobús aunque vaya en dirección equivocada.
El caso extremo se vivía en hospitales con quince plantas, donde los usuarios llegaban a preferir las escaleras antes que un ascensor que se detenía en todas las plantas por esta misma conducta.
De las flechas a las urnas: el patrón de conducta
La analogía con la política es inevitable, y no precisa de insultos. Quien no entiende un mecanismo de dos botones tiende a responder al miedo a quedarse fuera: vota a quien “parece que va a llegar”, aunque su dirección real sea contraria a sus intereses. No es estupidez; es la misma pulsión de seguridad que dicta pulsar las dos flechas. El problema es que, en una sociedad entera, esa pulsión produce resultados predecibles: paradas en todas las plantas, decisiones que no llevan a ningún sitio y un sistema que, aunque diseñado para optimizar, se colapsa por el comportamiento de sus usuarios.
Total, que entre las dos flechas y el FOMO, la estrategia más eficiente sigue siendo la escalera. Claro que las escaleras tampoco tienen botones. Aún no.