El hilo pasa cuentas del look de Pitt y se corrige a sí mismo
Un forero abre el tramo dando por hecho que el actor cobra por llevar la ropa. A partir de ahí el hilo se parte en dos trabajos: poner precio prenda a prenda y decidir quién paga. El desglose llega, y llega mal: en un par de mensajes se corrige solo. La discusión sobre el dinero acaba pesando más que la ropa.
Qué se ha sabido
Un solo participante pone números. Chupa de Zegna,
9.000. Pantalones de Zegna,
1.000. Y un par de mensajes después se enmienda:
8.000, «he calculado mal». Nadie pide factura, nadie aporta marca distinta, nadie discute la corrección. La cifra se queda ahí, colgada.
La chaqueta, además, le trae recuerdo. Cuenta que heredó de su padre una de cachemir de la misma casa, que un sastre se la ajustó y que iba «hecho un pincel». Añade que Zegna ya no es lo que era.
Dos avisos sueltos sobre el material que circula. Uno dice que la foto
es antigua. Otro aclara que esto no es un rodaje. Se pega también una imagen de archivo de Vanity Fair.
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media.revistavanityfair.esDónde está la bronca
Aquí saltan tres discusiones y media, y no todas van del mismo asunto.
La primera es quién paga. Un participante lo zanja: «las marcas prestan y pagan para publicitarse». Otro lo desarrolla: que aparezca una estrella con esa marca es «un anuncio carísimo» y que, como mínimo, le sale gratis o se lleva un pellizco. Un tercero le da la vuelta a la premisa de todo el hilo: «Me temo que en este caso lo hace gratis. No hay contrato con Nike». O sea, que puede que aquí no cobre nadie.
La segunda no discute el precio, explica por qué existe. Un forero sostiene que un señor así no puede entrar en un Zara «sin verdadero riesgo para su integridad física», ni sentarse en un restaurante de 30 euros el cubierto. Necesita sitios exclusivos, con entrada trasera y discreción. Para esa gente, gastar de más no es capricho: es la única forma de poder hacerlo.
La tercera entra de refilón. Un participante rechaza el uso de la palabra inglesa para decir conjunto, y lo hace a gritos y sin argumento. El hilo pasa de largo.
Y media, la de siempre: mensajes contra su exmujer, sin una sola prueba y sin desarrollo. Se lanzan y ahí se quedan.
En paralelo, media docena de mensajes van a lo estético. El conjunto, dicen, no transmite precio. Un forero lo compara con los heavies de los ochenta que siguen con la misma ropa y las mismas poses: no es que sigan siendo heavies, es que no han madurado. Otro rebaja la cosa a que «cualquier cincuentón random se viste mejor para el tardeo». Un tercero sentencia que estas cosas «ya están vistas desde hace décadas» y que no entiende por qué es noticia. Alguien le pondría una chupa de cuero de sus pelis de malote y afirma que luciría mil veces mejor. Y hay quien lo resume en cinco palabras:
combina colores como un daltónico.
Frente a eso, un contrapunto: con 62 años y ese cuerpo, «hay que quitarse el sombrero». El mismo mensaje apunta que el problema no es él, sino la edad que ya le pasa factura a la cara. Luego se va a la novia y a la familia de la novia, y de ahí sale una tanda de comentarios sobre padres, clanes y acentos que no llegan a ningún sitio.
Qué cambia respecto a antes
Antes la pregunta era si la cifra importa. Ahora es quién la paga, y la respuesta que gana terreno es la contraria a la que se esperaba: puede que aquí no cobre nadie, que no haya contrato de por medio y que el trapo sea suyo.
La horquilla barata también se mueve. Del rastro sale el mismo conjunto «sin etiquetas, todo menos de cien leuros», y alguien dice que ni 200 debería costar. Ya no es la carrera de los 7 euros; el suelo sube y se queda en el mercadillo.
Entra un asunto nuevo, y es el único del tramo con fecha: un forero anuncia que en unos días el actor estará por La Rioja y dormirá en el Hotel Marqués de Riscal, «por si alguna quiere hacerse la encontradiza».