Brasil: lo que puede pasar en España (Ramón Pérez Maura en El Debate)

Brasil: lo que puede pasar en España (Ramón Pérez Maura en El Debate)
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

La victoria de Lula en Brasil con un vuelco que las encuestas no anticiparon ha reavivado el debate sobre la fiabilidad de los sondeos y la confianza en los organismos electorales, un asunto que también planea sobre las próximas elecciones españolas.

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La victoria de Lula en Brasil con un vuelco que las encuestas no anticiparon ha reavivado el debate sobre la fiabilidad de los sondeos y la confianza en los organismos electorales, un asunto que también planea sobre las próximas elecciones españolas.

La segunda vuelta de las elecciones brasileñas dejó un resultado que muchas encuestas no habían previsto. Lula da Silva se impuso a Jair Bolsonaro por 3,4 puntos porcentuales, un margen que, con solo dos candidatos en liza, resulta considerable. La víspera, varias firmas demoscópicas daban entre dos y cinco puntos de ventaja al candidato de la derecha, mientras que solo una otorgaba 1,5 puntos de margen al ganador. El desajuste entre lo previsto y lo ocurrido es el punto de partida de una discusión más amplia sobre cómo se mide la intención de voto y hasta qué punto los sondeos condicionan la percepción de legitimidad de un resultado.

El vuelco de la segunda vuelta brasileña

Los números del escrutinio alimentan las sospechas. La abstención cayó del 21,08% al 19,2%, según el Tribunal Superior Electoral, lo que supone 1,88 puntos más de participación y 2.723.008 sufragios adicionales. El crecimiento de Lula entre una vuelta y otra fue del 4,75% de los votos, es decir, 10.385.508 votantes más. Su rival también creció, alrededor de un 6,6%. La pregunta que sobrevuela es de dónde salieron esos millones de votantes que no habían apoyado al candidato del Partido de los Trabajadores en la primera cita con las urnas.

Hay un detalle que añade leña al fuego: la extensión de la jornada electoral durante dos horas más, una decisión adoptada después de la petición de un juez que había sido abogado de Lula. Para algunos analistas, ese tipo de decisiones institucionales, sumadas a los saltos en la participación, configuran un cuadro difícil de encajar en democracias consolidadas. La comparación con otros países de la región, como Perú o Colombia, donde la izquierda fue batida por márgenes estrechos, sirve de contraste.

Encuestas, censo y voto por correo: las dudas que llegan a España

El caso brasileño se ha convertido en un espejo para quienes ya desconfiaban de los mecanismos electorales españoles. Las dudas se acumulan sobre tres frentes: el censo, el voto por correo y el voto CERA, el de los residentes ausentes. Son cuestiones que, si no se despejan, pueden llevar a que todos los actores denuncien el resultado: tanto quienes han generado las sospechas como quienes se sienten víctimas de ellas. Un escenario que algunos describen como infernal y que erosiona la confianza en el sistema.

La Junta Electoral Central aparece en este contexto como el árbitro último. Es un organismo integrado por magistrados de perfil bajo, casi anónimo para el gran público, que hasta ahora no ha ocupado portadas. La previsión es que, ante la proximidad de unos comicios generales, ese anonimato se rompa y sus miembros pasen a ser escrutados con lupa. La presión sobre ellos será máxima, y su capacidad de resistirla, determinante.

El precedente de las audiencias y la sospecha del milagro

La desconfianza no se limita a las urnas. En el debate público español ha circulado un dato que se usa como ejemplo de lo que algunos consideran un patrón: el crecimiento del 258% de audiencia de un programa de televisión de un día para otro, mientras sus competidores no perdían espectadores. La comparación con el relato bíblico de los panes y los peces no es casual. Se trata de una forma de señalar que, para una parte de la opinión, ciertos cambios abruptos en los apoyos o en las audiencias no se explican por la evolución normal de la opinión pública.

Las tendencias electorales, sostienen quienes dudan, rara vez se alteran de forma radical. Cuando lo hacen, y además coinciden con decisiones institucionales controvertidas o con variaciones atípicas en la participación, la sospecha se instala. La izquierda, según esta lectura, tiene una capacidad sorprendente para movilizar apoyos en el último momento. Y eso, trasladado a España, genera inquietud sobre la limpieza de los próximos comicios.

La confianza en el sistema, en juego

El debate trasciende el caso brasileño. Lo que está en cuestión es la confianza en las instituciones que gestionan los procesos electorales y en los instrumentos que miden la opinión pública. Si las encuestas fallan de forma sistemática, si el censo genera dudas y si el voto por correo o el de los residentes ausentes no ofrece garantías claras, el resultado de cualquier elección queda expuesto a la impugnación. Y en ese terreno, todos pierden: los que ganan y los que pierden.

La Junta Electoral Central tiene por delante la tarea de despejar esas dudas. Su actuación, y la de los medios que fiscalicen el proceso, determinará si el próximo resultado electoral en España se acepta sin reservas o si se convierte en un nuevo capítulo de una desconfianza que ya no se limita a Brasil. La comparación con el país sudamericano no es gratuita: allí, un vuelco de casi 20 puntos en la segunda vuelta ha bastado para que millones de personas miren con recelo las urnas.

Datos clave
  • Lula ganó la segunda vuelta en Brasil por 3,4 puntos sobre Bolsonaro.
  • La abstención cayó del 21,08% al 19,2%, según el Tribunal Superior Electoral.
  • Lula sumó 10.385.508 votantes entre la primera y la segunda vuelta.
  • La jornada electoral se extendió dos horas tras la petición de un juez que fue abogado de Lula.
  • En España, las dudas se centran en el censo, el voto por correo y el voto CERA.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

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Brasil: lo que puede pasar en España​

27/10/2026

Ramón Pérez-Maura-El Debate
  • Me preocupa España porque veo en riesgo que el frente de la derecha pueda desalojar al sanchismo. Cada vez más sospecho que las elecciones no serán limpias. Confío en que la Junta Electoral Central actúe con rigor
Recordarán que aquí hemos denunciado anteriormente el peligro de embeleco electoral que creo que se deriva de que todas las encuestadoras den una amplísima ventaja al bloque de derecha frente a una sola que apunte a una victoria de la izquierda: el CIS. Ante las elecciones del pasado domingo en Brasil vimos algo parecido: el sábado publicamos aquí cuatro encuestadoras que daban entre dos y cinco puntos de ventaja a Bolsonaro y sólo una que daba 1,5 puntos de ventaja a Lula. Ha ganado Lula con una no tan estrecha diferencia de 3,4 puntos porcentuales. Con solo dos candidatos es mucho.

Eso podría indicar que sólo una empresa demoscópica sabe hacer las cosas bien. Pero en Brasil hemos visto otras cosas que dan lugar a sospechas. Y tal como están aquí las cosas, es para preocuparse. Enfrentamos unas elecciones en las que por primera vez hay muy fundadas dudas sobre el censo, sobre el voto por correo y sobre el voto CERA, el de los residentes ausentes. Y eso lleva a una situación en que todos pueden denunciar el resultado: los que han generado las dudas y sus víctimas. Un escenario complicado.

En España, la Junta Electoral Central es un organismo cuasi anónimo integrado por magistrados a los que nunca se ha puesto cara. Apuesto a que ahora van a aparecer con foto y nombre en la portada de los medios de comunicación. Después del Supremo hay que poner la atención sobre ellos. Y ellos van a ser el último baluarte cuando en las elecciones generales españolas pasen cosas como las que vimos el domingo en Brasil.

Lula supuestamente sacó casi un 20 por ciento más de votos en la segunda vuelta, después de la exigencia de un juez, que fue su abogado, de extender las elecciones por dos horas más. Esto es muy sospechoso y no quiero imaginar lo que sucedería en España si el PSOE exigiera algo así el próximo 29 de noviembre. Y la izquierda internacional y sus medios de comunicación afines lo están dejando pasar como algo normal.

Las cifras son francamente sorprendentes. La abstención pasó del 21,08 por ciento al 19,2 por ciento, según el Tribunal Superior Electoral. Se incrementó la participación en un 1,88 por ciento. Es decir, 2.723.008 sufragios. Y la de Lula Da Silva subió en un 4,75 por ciento de los votos. O lo que es lo mismo: 10.385.508 votantes. ¿Cómo se cayeron del guindo diez millones de brasileños que no sufragaron por Lula para hacerlo en segunda vuelta? ¿De dónde salieron repentinamente? Es decir: un candidato que empieza segundo gana con un aumento cercano al 19,3 por ciento y cuyo adversario también crece aproximadamente un 6,6 por ciento. Me gustaría que alguien nos enseñara en alguna democracia respetable un giro de los acontecimientos similar.

Esta izquierda tiene una capacidad sorprendente para sacar apoyos de debajo de las piedras. Ayer nos contaba en El Debate Jorge Aznal cómo Sánchez consiguió que creciera la audiencia del programa de Broncano un 258 por ciento de un día a otro mientras sus rivales no perdían audiencia. El milagro de los panes y los peces.

Yo creo que los indicios de embeleco son francamente elevados. Las tendencias electorales muy rara vez se alteran radicalmente. Y aquí la izquierda sabe que puede hacerlo porque otra vez están en control de las calles. Después de ver los resultados de Brasil, no sólo siento por los brasileños o por los países donde la izquierda fue batida por la mínima como Perú o Colombia. Me preocupa España porque hoy, más que nunca, veo en riesgo que el frente de la derecha pueda desalojar al sanchismo. Cada vez más sospecho que las elecciones no serán limpias. Confío en que la Junta Electoral Central actúe con rigor.
 

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