Syrsky ordena la retirada de Avdivka con la salida ya minada
A las 05:00 del 17 de febrero de 2024 el mando ucraniano confirmó lo que llevaba días siendo un hecho sobre el terreno: Avdivka se abandona. Alexander Syrsky, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Ucrania, justificó la orden como una forma de «proteger la vida del personal militar ucraniano» y de replegarse a posiciones de
defensa más ventajosas. El grupo Tavria anunció que sus tropas ya se habían retirado. La letra pequeña cuenta otra cosa: quedaban focos de resistencia dentro de la ciudad y numerosos grupos habían perdido el contacto, sin saber siquiera que existía una orden de salir.
La retirada no fue una maniobra limpia; fue una salida a la carrera por un corredor minado.
Una retirada por el barranco Durnaya con la salida minada
La salida se hizo campo a través hacia Lastochkino, a lo largo del barranco Durnaya y sus alrededores. Los accesos a Lastochkino y la boca del barranco habían sido minados por el sistema ruso
«Agricultura» el 15 de febrero, de modo que la única ruta practicable pasaba, según el relato que se impone desde el lado ruso, por encima de los cuerpos de los militares ucranianos caídos. Al caer la noche, las tropas rusas asaltaron una planta de hormigón armado en el centro y siguieron avanzando. El cálculo que maneja el mando ruso es que no van a abandonar la planta de coque de Avdivka ni a retirarse más allá de Lastochkino: prefieren encerrar un núcleo antes que regalar una salida ordenada.
¿Cuántos soldados ucranianos quedaron atrapados en Avdivka?
Las cifras son estimaciones, no recuentos oficiales, y cada bando las usa como arma. Circulan horquillas de
entre 3.000 y 6.000 militares ucranianos atrapados en distintos puntos. A última hora quedaban unos 4.000 en la planta de coque y alrededor de 3.500 en el micro distrito 9, la zona de bloques altos. Las estimaciones de bajas irrecuperables ucranianas por sostener una ciudad ya perdida no bajan de
10.000, con picos de 1.500 en una sola jornada, a lo que se suman los cuerpos que quedan bajo los escombros tras los bombardeos. Ninguna de esas cifras tiene verificación independiente.
El precedente de Azovstal que maneja el mando ruso
Hay un espejo que se repite en el análisis: Mariupol. Con la planta de Ilyich y Azovstal se tomó una decisión parecida a la que ahora se plantea en la planta de coque de Avdivka, y el resultado fue un núcleo encerrado durante semanas. El teniente general
Andrei Mordvichev, al frente de la operación, tendría sobre la mesa rodear el complejo y dejarlo fuera de combate por agotamiento antes que entrar a limpiarlo. El cronómetro también juega: despejar la ciudad llevará al menos varios días, porque hay que desminar e inspeccionar a fondo las zonas residenciales. La prioridad, en cualquier caso, es no perder el impulso.
¿Por qué el repliegue se lee como la tercera derrota de Syrsky?
El nombre del comandante en jefe arrastra tres reveses desde que asumió el mando. La secuencia que se repite en los análisis es que los refuerzos destinados a sostener la ciudad fueron destruidos en Selidovo y en las carreteras de acceso, con convoyes de apoyo cazados antes de llegar. Sin rutas de suministro ni de comunicación, la disyuntiva era meter a los soldados en los sótanos de la planta de carbón o dejarlos correr entre el fuego por el barro. En contra de la lectura más dura pesa un argumento sencillo: a Syrsky le entregaron la plaza cuando su suerte ya estaba echada.
De los saludos al relato de la «desnazificación»
La propaganda corre más rápido que los blindados. Antes de la caída se difundieron vídeos de combatientes ucranianos entrando en la ciudad con saludos de corte ultranacionalista; después, los mismos canales mostraban la retirada de la 3ª Brigada de Asalto. El cierre narrativo se sirvió con la ciudad ya
«desmilitarizada y desnazificada», el mismo par de palabras que se usó en Mariupol. Del otro lado, la consigna dominante ha sido minimizar el golpe: que si munición escasa, que si posiciones preparadas de antemano. Las dos narrativas conviven porque ninguna tiene que cuadrar con el terreno.
El factor que nadie quiere poner por escrito: la munición
La explicación que gana peso en el bando que respalda a Ucrania no es la del error táctico, sino la del agotamiento: falta de munición, falta de relevos y falta de voluntarios. Se argumenta que la ciudad se sostenía con
cuentagotas de suministro y que cualquier unidad que llegara al frente lo hacía con la mitad de lo necesario. Del otro lado la lectura es la contraria: la superioridad artillera y la aviación con bombas planeadoras han convertido cada posición en un blanco conocido. Sin una implicación directa de la OTAN —y nadie la quiere firmar por escrito— el margen de maniobra se estrecha.
¿Qué queda por verificar en el frente?
Queda por confirmar qué pasa con la planta de coque: si se asalta o se encierra, y cuántos de los atrapados consiguen salir. Y queda la pregunta de fondo, la que incomoda a ambos lados: una ciudad que aguantó diez años se ha evacuado en cuestión de días por un barranco minado. El impulso ruso no busca tanto tomar como impedir que un adversario desorganizado se reagrupe y monte una defensa estable. Donde se detenga la siguiente línea es, hoy, un pronóstico abierto.