Escaneo Bluetooth: por qué aparecen MACs y por qué no son de los vacunados
Activa el modo desarrollador del móvil —cinco o seis toques sobre la versión del sistema—, habilita la detección de dispositivos sin nombre y pon el Bluetooth a buscar. En una casa sin vecinos, el contador marca cero; entra un amigo vacunado y, según el relato que circula, aparece una dirección MAC. La receta circula desde los años de la campaña de vacunación y trae su propia liturgia: calibrar lejos de interferencias, repetir la prueba, comparar. El problema es que casi todo lo que sale en esa lista tiene una explicación más aburrida.
Qué propone exactamente el método de las MAC
La instrucción es sencilla y no requiere instalar nada en los móviles Xiaomi o Huawei: modo desarrollador, activar la detección de dispositivos sin nombre y lanzar el escaneo. Con otras marcas habría que recurrir a una aplicación de escaneo Bluetooth gratuita. El protocolo incluye un paso de calibración: primero se prueba en una zona «donde no haya vecinos y no haya vacunados», con la promesa de obtener cero direcciones, y solo después se repite la operación en un lugar con gente vacunada.
Los promotores sostienen que el sistema funciona sobre todo con
móviles chinos que no son de última generación, y que el resultado no cambia aunque la persona no lleve reloj ni otros aparatos. Es decir: la hipótesis no necesita dispositivos de terceros, solo cuerpos.
Qué encontraron quienes hicieron la prueba
Un caso relatado con detalle sitúa la escena en un parque, con los edificios a unos 60 metros:
12 adultos, 12 direcciones sin nombre y 4 con nombre de dispositivos. El recuento variaba con los coches que pasaban y con la gente que cruzaba de largo, y solo una de las veces, sin tráfico y sin paseantes, cuadró. El propio autor reconoce que la cifra encaja «más o menos» y que hay pulseras y aparatos identificables rondando la misma lista.
Otro testimonio describe un Huawei Nova Lite 2 en un país donde la inoculación arrancó más tarde: antes de la campaña masiva no veía esas direcciones, después fueron creciendo día a día, hasta el punto de que en un tren abarrotado llegó a contar con ellas el número de personas mayores del vagón. Meses más tarde, una actualización del software del teléfono le dejó de mostrar los dispositivos sin nombre. Un tercero cuenta algo parecido con un Sony Xperia antiguo: funcionaba y dejó de hacerlo. Los recuentos completos, con el detalle de cada prueba, están en el material original.
Las direcciones MAC se repiten, rotan y muchas no están registradas
Los dispositivos Bluetooth modernos generan identificadores aleatorios para preservar la privacidad, de modo que la lista de direcciones visibles cambia constantemente y un mismo aparato puede aparecer con varias etiquetas distintas. Además, registrar un rango de direcciones ante el IEEE cuesta dinero, y los fabricantes baratos no siempre se molestan en hacerlo: ponen la dirección que les parece sin darla de alta.
A eso se suma el alcance. La mayoría de los dispositivos Bluetooth modernos llega a los
100 metros, y hay equipos capaces de cubrir
hasta 45 kilómetros. En una ciudad, cualquier escaneo recoge direcciones de pisos vecinos, de la calle, de locales y de aparatos encendidos en un radio que el usuario no controla. La conclusión que se extrae de ahí es incómoda para la hipótesis: si el contador sube y baja solo, el problema es de la muestra, no del pinchazo.
El experimento del medidor y la ausencia de grupo de control
El asunto saltó a otro plano cuando se atribuyó a un doctor un supuesto experimento con un medidor de campos electromagnéticos: se mide la radiación de fondo, se pincha al voluntario y se vuelve a medir, con un pico como resultado. El problema metodológico es evidente:
un solo caso, sin doble ciego y sin grupo de control con suero salino, en condiciones fijadas por quien dirige la medición.
Frente a esa crítica se esgrime el argumento de la autoridad: un médico no se arriesgaría a perder su prestigio con una prueba improvisada. La objeción no rebate el diseño del experimento, solo lo rodea. Y sin repetición independiente, el pico se queda en anécdota.
Grafeno, terahercios y nanosensores: dónde no hay pruebas
La explicación más ambiciosa habla de nanotecnología inyectada, redes inalámbricas de nanosensores y nanorouters dentro del cuerpo humano, comunicándose en la banda de terahercios, con el grafeno como fuente de microvoltios. Se citan investigaciones sobre computación con tejido fúngico y sobre redes intracorporales de un profesor de ingeniería eléctrica en una universidad estadounidense.
Son líneas de investigación reales en fase experimental, no tecnología desplegada en una campaña de vacunación. Que un micelio conduzca señales eléctricas no convierte a nadie en un punto de acceso. De momento,
ninguna prueba en condiciones controladas ha reproducido que una persona vacunada emita una señal identificable.
Dónde se atasca el asunto
El punto exacto en que el análisis se bloquea es la actualización de software. Para unos, que el teléfono dejara de mostrar dispositivos sin nombre demuestra que había algo que ocultar. Para otros, es la prueba de que lo que se veía era un artefacto del sistema, un residuo de escaneo que el fabricante capó. Ambas lecturas caben en el mismo dato, y ahí sigue la discusión: sin un experimento repetible, el contador de direcciones MAC no distingue a un vacunado de un auricular aparcado en el portal de al lado.