Condenado a muerte el exalcalde de Haikou que atesoró 13,5 toneladas de oro
La sentencia contra el exalcalde de Haikou, una ciudad china de dos millones de habitantes, ha revelado una fortuna en metálico y joyas que pone los pelos de punta. Según las cifras que han trascendido, el político acumuló en su domicilio 13,5 toneladas de oro, 40 millones de dólares en efectivo y 286 millones de yuanes (unos 42 millones de dólares adicionales). A precio de mercado actual, solo el oro supera los 1.980 millones de dólares. Una cifra que, para ponerla en contexto, equivale al presupuesto anual de una ciudad mediana española.
La acumulación, según los análisis, estaría vinculada al boom inmobiliario chino y a las mordidas en obra pública durante los años de expansión. El exalcalde, que ya ha sido condenado a muerte, no ha podido justificar el origen de semejante tesoro. Las comparaciones con la clase política española han sido inevitables: mientras aquí se discuten comisiones menores, allí un alcalde de una ciudad «normalilla» amasaba una fortuna que haría palidecer a cualquier bolsín.
Una cifra que desborda cualquier cálculo
El cálculo más llamativo es el del valor del oro: 13,5 toneladas equivalen a unas 476.145 onzas. A 4.159 dólares la onza (cotización reciente), el montante alcanza los 1.980 millones de dólares. Si se suma el efectivo y los yuanes, la cifra total supera los 2.000 millones de dólares. Todo ello en una vivienda particular, sin contar posibles cuentas offshore o propiedades inmobiliarias.
La pregunta que flota en el ambiente es cómo pudo pasar desapercibido durante tanto tiempo. En un país donde la corrupción se castiga con pena de muerte, el caso demuestra que las redes clientelares pueden alcanzar cotas difíciles de imaginar.
El espejo español de la indignación
El caso ha servido para reavivar el debate sobre la corrupción política en España. La comparación es inevitable: si un alcalde de una urbe china de tamaño medio puede atesorar estas cantidades, ¿qué no se estarán embolsando los políticos en países con menos controles? La indignación, sin embargo, se topa con un dato incómodo: España tiene alrededor de 400.000 cargos públicos, y aunque ningún caso alcanza estas magnitudes, la percepción de impunidad sigue siendo alta.
La sentencia de muerte en China puede ser ejemplarizante, pero no frena el goteo de noticias sobre fortunas opacas. Mientras, el ciudadano medio sigue preguntándose cuánto vale realmente la honestidad política.