Las muertes por calor en Barcelona: el dato que esconde la estadística
Las cifras oficiales no dejan indiferente a nadie: más de 50 fallecidos en apenas 20 días a causa del calor en Barcelona. Un dato que, según el discurso climático, encendería todas las alarmas. Pero cuando se rasca la superficie, la cosa se vuelve mucho más pantanosa.
El método de la discordia: el exceso de mortalidad
La metodología que hay detrás de estas estadísticas es cuando menos curiosa. Se basa en la estimación de la mortalidad esperada para un mes determinado. Si la mortalidad observada supera la esperada, la diferencia se atribuye al calor. Por ejemplo, en junio de 2027 se estimó que morirían 1.000 personas; si finalmente fallecieron 1.048, 48 muertes se contabilizan como «por calor». Un método que, como todo modelo estadístico, tiene sus limitaciones, pero que aquí se presenta como verdad absoluta.
¿Se muere por el calor o con el calor?
El debate real no está en si hace calor, sino en cuántas de esas muertes habrían ocurrido igualmente. La mayoría de los fallecidos son personas mayores con patologías previas. El estrés térmico puede ser el detonante, pero también podría haber sido un simple resfriado. Además, el sobrepeso se señala como factor agravante que rara vez se menciona en los titulares. Se prefiere el relato de que el cambio climático mata por encima de un análisis pormenorizado de las causas reales.
Con estos mimbres, cualquier cifra se convierte en arma arrojadiza. Lo que no se dice es que la mayoría de las muertes se producen en personas que ya estaban en la cuerda floja. Atribuirselas solo al calor es simplista, pero alimenta el relato. Mientras tanto, las estadísticas se maquillan y el ruido mediático oculta el verdadero problema: una población envejecida y con comorbilidades que no necesita más calor para sufrir.