El amor prohibido en las prisiones catalanas: funcionarios que se enamoran de presos y acaban en la cárcel
Un fenómeno silencioso pero creciente preocupa a los sindicatos penitenciarios en Cataluña: las relaciones sentimentales entre personal de prisiones y reclusos, que en algunos casos han derivado en delitos. No se trata de casos aislados, sino de una dinámica que, según fuentes sindicales, se tolera internamente con traslados o incluso ascensos, sin que se depuren responsabilidades.
El caso más llamativo es el de una monitora de teatro que se enamoró de un preso, lo escondió en su casa tras una fuga y posteriormente atracó un banco con él. Ambos acabaron de nuevo entre rejas, pero ella esta vez como interna. La historia, recogida por The Objective, ilustra hasta dónde puede llegar la hibristofilia —la atracción por delincuentes— en un entorno donde la línea entre lo personal y lo profesional se difumina.
Impunidad interna: traslados en lugar de sanciones
Los sindicatos denuncian que la mayoría de estas conductas no se persiguen disciplinariamente. «Se cambia al preso o al funcionario de cárcel y asunto resuelto», señalan. Incluso hay casos de funcionarios que, tras protagonizar escándalos, han sido ascendidos a puestos de mando. Esta falta de consecuencias alimenta la reincidencia: los mismos empleados «reparten amor» por distintos centros.
La situación no es única de Cataluña, pero la comunidad acumula varios episodios recientes. Algunos analistas lo vinculan con una deriva ideológica que sustituye el juicio público por el criterio personal: el funcionario decide que el preso es una «buena persona» sin considerar sus delitos previos.
El dilema de la vigilancia femenina
Parte del debate se centra en la presencia de mujeres funcionarias en módulos masculinos. La teoría igualitaria choca con la realidad de dinámicas emocionales que pueden poner en riesgo la seguridad. Aunque no hay datos oficiales, los sindicatos piden protocolos más estrictos y un mayor control psicológico del personal que trabaja en contacto directo con internos.
Mientras tanto, los casos se acumulan, y la impunidad interna sigue siendo el combustible de un problema que, si no se ataja, promete nuevos titulares.