Bajmut, día 121: la picadora que nunca termina de romper el frente
El colapso ucraniano del Donbass se anuncia desde abril y sigue sin llegar. Bajmut acumula
121 días de asaltos continuos y la línea defensiva no se ha partido, aunque nadie discute que allí se muere a un ritmo que ambos bandos asumen. La pregunta útil no es cuándo cae la ciudad, sino quién está pagando la factura de que no caiga.
La tesis de fondo es geopolítica y viene con mapa. La caída de Bajmut se leería como la señal de que la batalla del Donbass entra en fase final, con la defensa ucraniana cediendo y los rusos empujando hacia el este del Dniéper para dejar una franja de amortiguación. El premio sería el
Dnipropetrovsk: hierro, manganeso, titanio, circonio, uranio, antracita, gas y lignito, más siderurgia y grano. Sobre el papel, un golpe definitivo. Sobre el terreno, avances que se cuentan por decenas de metros.
Y luego está la cifra que circula sin enlace:
más de 250 muertos diarios, atribuida a un canal de Telegram que quien la menciona no consigue localizar y sin especificar el bando. Una parte de la conversación la da por buena; la otra la tumba sin necesidad de datos, con un argumento de oficio:
los mercenarios no se dejan la piel por cuatro piedras.
Quién avanza y quién paga la picadora
Hay dos relatos y los dos son tajantes. El primero sostiene que la trituradora es ucraniana: bajas que un participante describe como propias de la Primera Guerra Mundial, reservas que llegan a la zona sin resultado visible y fuentes occidentales —entre ellas, según un forero, el general retirado Wesley Clark, ex comandante supremo de la OTAN en Europa— que hablarían sin rodeos de
picadora de carne en el Donbass. Desde Kiev el mensaje oficial es el contrario: defensores combatiendo sin luz ni calefacción, con la moral como principal munición.
La réplica es simétrica. Los ucranianos están fortificados, los rusos se dan de bruces contra posiciones preparadas durante meses y la picadora, en esta versión, es rusa. El detalle que subraya otro participante: ningún medio occidental describe lo contrario, salvo que esté copiando fuente rusa.
Wagner, oleadas y 50 metros al día
El esquema de asalto que se describe tiene una crudeza que remite a 1916. Avances sin apoyo blindado o con muy poco, infantería a pelo contra posiciones defensivas, y una unidad de mercenarios que, según el cálculo de un forero, habría absorbido
80.000 movilizados para enviarlos en tandas. El ciclo es siempre el mismo: entran cincuenta, diez mueren, treinta quedan heridos, y los diez que siguen en pie obligan a retroceder al defensor hasta la siguiente fortificación,
50 metros más allá. Vuelta a empezar.
Ese es el cálculo que explica por qué un avance de metros se cobra en cientos de vidas y por qué las bajas no se reparten por igual entre quien asalta y quien espera. También explica la sorpresa de que la ciudad siga en pie: a ese ritmo, la distancia entre dos líneas se mide en semanas de trabajo.
¿Cuánto tarda un colapso ucraniano? Diez meses de plazos incumplidos
Aquí el asunto se vuelve incómodo para los vaticinios. El colapso se anunció en abril, con un batallón de reservistas negándose a combatir como prueba. Han pasado
18 semanas desde el primer pronóstico serio, casi ocho meses desde el anuncio primaveral, y la operación especial acumula ya
diez meses sin que el frente se haya desintegrado. En el debe de los anunciantes figuran Járkov y Jersón, donde las tornas cambiaron en dirección contraria.
La lectura más honesta es que el desgaste es real y la ruptura no. Una guerra de trincheras no colapsa por acumulación de bajas: colapsa cuando se agota la capacidad de reponer hombres y munición. Nadie ha demostrado que ninguna de las dos partes esté ahí, y mientras tanto el relato se renueva cada semana con la misma fecha de caducidad.
¿Por qué se ataca Bajmut y no otra ciudad?
Porque no se busca un nudo de comunicaciones, se busca romper la línea defensiva. Esa es, al menos, la interpretación que gana peso: la ciudad importa menos por lo que es que por lo que abre detrás, y el sentido completo de la operación llegaría solo si el siguiente objetivo es Kramatorsk. Sin eso, tomar una ciudad en ruinas es una factura sin cobrar.
Los movimientos que sí se aprecian van por otro lado: poco avance dentro del casco urbano y bastante más en los pueblos y vías de acceso del sur. Objetivos dispersos a lo largo de kilómetros, frentes que cambian de asentamiento, mientras el asalto principal se concentra en un punto fijo y bien defendido. La geometría del desgaste, en una frase.
Con estas cuentas, lo razonable es esperar que Bajmut siga cambiando de manos en los titulares durante meses sin cambiar de manos en el mapa. La clave no será la ciudad, sino si alguna de las dos partes deja de poder reponer lo que gasta. Cuando eso ocurra —si ocurre— se notará antes en los reclutamientos y en los precios de las materias primas que en los partes diarios.