Un Tesla S inundado se incendia y destruye dos casas, según un foro
¿Puede un coche eléctrico sumergido en agua dulce convertirse en una bomba incendiaria capaz de arrasar dos viviendas y varios vehículos? Eso es lo que sostiene un usuario de un foro a partir de unas imágenes emitidas en un programa de televisión: un Tesla S que había quedado sumergido bajo 1,2 metros de agua terminó incendiándose y provocando un fuego que destruyó dos casas y entre cuatro y cinco vehículos, incluida la furgoneta de trabajo de su propietario. En la emisión no se mencionó la marca ni el modelo del vehículo. El suceso ha reavivado el debate sobre la seguridad de las baterías de litio en situaciones de inundación.
Según ese mismo relato, el dueño del vehículo, lejos del perfil de millonario que a veces se asocia a la marca, habría adquirido el Tesla S de segunda mano y con varios años a sus espaldas. La batería no soportó la inmersión en agua dulce y, al parecer, se autoinmoló, llevándose por delante todo lo que encontró a su paso. Lo llamativo del caso, siempre según esa versión, es que un Mercedes de hace cuarenta años, sometido a una inmersión mucho más severa, arrancó sin problemas tras el correspondiente secado.
El peligro silencioso de las baterías de litio inundadas
En Estados Unidos, hay quien llama a los coches eléctricos que han estado sumergidos «bombas de tiempo». Se han documentado casos de Teslas que ardieron espontáneamente días después de una inundación, incluso cuando parecían secos y apagados. El problema no es la humedad superficial, sino el contacto del agua con las celdas de litio, que puede provocar cortocircuitos internos y reacciones térmicas descontroladas.
La química de las baterías de litio es intrínsecamente inestable en presencia de agua. Los metales alcalinos como el litio reaccionan violentamente al contacto con la humedad, liberando hidrógeno y calor. Si además hay daños estructurales previos, el riesgo se multiplica. Hay quien señala que algunas navieras ya se niegan a transportar grandes cantidades de baterías de litio, conscientes de que un solo incidente en alta mar puede desencadenar un incendio incontrolable.
Híbridos y microhíbridos: alternativas con menos riesgo
No todos los vehículos electrificados presentan el mismo peligro. Los híbridos convencionales, especialmente los más antiguos que utilizan baterías de níquel-metal hidruro (NiMH), emplean químicas más estables que las de los eléctricos puros. Sin embargo, los híbridos modernos también están migrando al litio, lo que reduce esa ventaja. En cualquier caso, la combinación de un motor de combustión y una batería grande sigue siendo compleja y añade peso y puntos de fallo.
Para quienes buscan una etiqueta ECO sin renunciar a la seguridad, algunos apuntan a los microhíbridos (MHE) o a la conversión a GLP. El GLP permite obtener la etiqueta sin las complicaciones de una batería de gran capacidad, aunque su uso continuado no está exento de inconvenientes para el motor. El GNC, por su parte, ha caído en desgracia por la escasa autonomía que proporcionan los depósitos de gas comprimido.
El caso del Cybertruck: tres muertos por incendio tras un accidente
La polémica sobre la seguridad de los eléctricos no se limita a las inundaciones. Según un relato difundido en foros, en California un grupo de jóvenes que viajaba en un Cybertruck sufrió un accidente. El golpe no fue especialmente grave, pero el vehículo se incendió y tres de sus ocupantes murieron abrasados. El cuarto pudo ser rescatado antes de que las llamas lo consumieran. Se especula con que los ocupantes, presuntamente bajo los efectos de alcohol y cocaína, confiaron en el sistema de asistencia a la conducción y regresaron a casa «protegidos» por la tecnología, con el resultado fatal.
El episodio añade leña al fuego del debate sobre si los sistemas ADAS generan una falsa sensación de seguridad. La paradoja, según esa versión, es que un coche sin ayudas electrónicas quizá habría disuadido a esos conductores de ponerse al volante en esas condiciones. La tecnología, en este caso, no salvó vidas: las complicó.
La paradoja de la movilidad eléctrica en zonas inundables
Mientras los vehículos de combustión internos demuestran una resistencia sorprendente al agua —basta con limpiar inyectores y filtros para que vuelvan a funcionar—, los eléctricos se convierten en un riesgo latente tras una inundación. En Picanya, un Tesla aparcado en la calle quedó intacto tras las labores de retirada de vehículos: ni los operarios del torito ni los del camión lanzadera quisieron tocarlo. El miedo a que se incendiara durante la manipulación era demasiado grande.
La conclusión, para quienes sostienen esta visión, es incómoda: en zonas propensas a inundaciones, la movilidad eléctrica introduce un factor de riesgo que no existía antes. No se trata solo de perder el coche, sino de que ese coche pueda destruir tu casa y las de tus vecinos. La anécdota del Mercedes de cuarenta años que arrancó tras la inmersión mientras el Tesla S se convertía en una antorcha es, para ellos, el resumen perfecto de este sinsentido. Bienvenidos al siglo XXI.