Carpooling en España: por qué no despega pese a la subida del combustible
El carpooling debería ser la solución perfecta para el bolsillo del español medio. Con los precios del combustible disparados, compartir coche en trayectos largos permitiría dividir costes y hacer frente a un transporte público deficiente. Sin embargo, la realidad es tozuda: la desconfianza y un cierto complejo de clase lo frenan.
La promesa del coche compartido
Quienes usan la bici a diario para la ciudad se topan con el muro de los viajes largos. El autobús o el tren tardan el doble que el coche, y la incomodidad disuade. La solución lógica es compartir el coche con otros viajeros que hagan la misma ruta. Plataformas como BlaBlaCar, Amovens o Carpooling.es ya existen y ofrecen sistemas de reputación al estilo eBay, donde conductores y pasajeros se puntúan mutuamente. En Alemania, este modelo es extremadamente popular y funciona a gran escala.
Desconfianza y el complejo del 'Audi'
En España, el primer freno es la seguridad: montarse con un desconocido genera recelo pese a la reputación digital y la posibilidad de contacto previo. Pero hay una barrera cultural más sutil. Se ha señalado que muchos trabajadores con salarios ajustados prefieren aparentar con un coche caro antes que ser vistos compartiendo viaje, como si el carpooling fuera cosa de pobres. Este 'efecto Audi' explica por qué el ahorro real no triunfa sobre la imagen social.
Experiencias sobre el terreno
Algunos usuarios se han registrado en varias webs y no han recibido respuesta, lo que alimenta la percepción de que el servicio no tiene masa crítica. Otros, en cambio, lo han probado con éxito gracias a las referencias familiares. El contraste con Alemania es abismal: allí el carpooling es habitual, mientras aquí sigue siendo una rareza.
A largo plazo, la presión de los precios y la conciencia ecológica deberían imponerse. Pero mientras el 'qué dirán' pese más que el ahorro, el coche compartido seguirá siendo una excepción.
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